Sábado 25.05.2013

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‘Coquito’ y ‘Macho’ Camacho

“Lamentable en demasía ver cómo, este individuo que nunca fue ejemplo para la juventud puertorriqueña, sea catalogado ahora por periodistas, líderes deportivos y funcionarios gubernamentales de héroe nacional”

Me contó una vez el poeta e historiador Francisco Lluch Mora que solía decir mi tío: “Este es un pueblo limítrofe.” Y, por otro lado, “este es un país natal”, me dijo el poeta Otho Rosa, que manifestaba con frecuencia un amigo suyo y compañero de la lucha política por la independencia. Ambas expresiones reflejan lo dicho en la década del treinta por Antonio Pedreira en su libro Insularismo; ya es hora que nos demos un tapabocas colectivo.

Cuando hace unos años salió la noticia de ‘Coquito’, personaje misterioso que los Ferré-Rangel descubrieron y luego metamorfosearon hasta convertirlo en un Pablo Escobar boricua, y que los demás medios de comunicación imitaron, se proyectó como si existiera un Puerto Rico desconocido que había que divulgar hasta la saciedad. No se trató del tipo de notica que sale en primera plana y al día siguiente sale también con papel protagónico, pero que por el dinamismo noticioso diario al tercer día comienza a retirarse a páginas distanciadas de la portada o de la cubierta noticiosa. Se trató de una novela con capítulos publicados día a día y sin fecha de término, evolucionada de las novelas folletinescas de Corín Tellado, pero devenida en tragicomedia porque el cuerpo del delito nunca apareció.

Las noticias sobre ‘Coquito’ fueron una ridiculez manifiesta que comprobó lo barato que ha caído el periodismo, donde la noticia producto de fuerzas en fricción, sean estas en la superficie o el sustrato histórico, que genera cambios sociales y produce los movimientos históricos, ocupa en los medios de opinión pública espacios casi imperceptibles porque el entretenimiento banal, producto de las exigencias del mercado, es lo que gusta, genera dinero y dicta la pauta. Eso es explicativo de por qué el programa Super Xclusivo y la figura mediática de La Comay han sido exitosos por tantos años; es el único noticiario que en realidad entretiene y, tal parece, los demás medios comienzan a emularlo.

Sin embargo, ahora vemos otro novelón de proporciones inesperadas. El triste caso del asesinato de Héctor (Macho) Camacho. Figura estelar en el deporte de boxeo, pero de vida licenciosa como ciudadano donde la lujuria y el apetito por lo exógeno a la ley fueron parte de su personalidad y su destino. Hombre autodegradante y ridículo al extremo, pero cómico ahora luego de convertirse en cadáver. “Nada como la muerte para mejorar la gente”, dijo el gran Jorge Luis Borges. (Véase Historia Universal de la Infamia).

Para los seguidores del boxeo, y del deporte en general, ha sido muy triste lo sucedido a este superdotado atleta que tenía que ser celosamente vigilado por sus entrenadores –lo vi de cerca cuando Rudy Mata lo entrenaba–, para que no se descarriara del camino y terminara haciendo lo que ellos mismos sabían que siempre hacía; darle rienda suelta a un estilo de vida, sin pudor alguno y que ya era conocido por todos, con efectos perniciosos directos a su desempeño como boxeador.

Lamentable en demasía ver cómo, este individuo que nunca fue ejemplo para la juventud puertorriqueña, sea catalogado ahora por periodistas, líderes deportivos y funcionarios gubernamentales de héroe nacional. Los criterios para semejante juicio los desconocemos. En cambio, ninguna de las personas que afirman o subrayan ese ridículo al extremo desearía que sus hijos emularan la vida privada y ciudadana del ‘Macho’ Camacho. No es que su asesinato no sea noticia. El es un ejemplo de que la ola criminal nos afecta a todos, y que afecta más a los que anduvieron y comulgaron por los licenciosos y arcanos caminos de la vida, pero el periodismo no puede quedarse estático por días en una noticia y olvidarse de todo otro acontecimiento con efectos colaterales para nuestra historia. Sin embargo, han sido laudables las expresiones del propio hijo; de ‘Machito’ Camacho, expresándose en la búsqueda del bien, del respeto a la vida por todo ciudadano, y de la unidad del Pueblo en combate sin cuartel contra el crimen.

Parece que las prioridades mediáticas son las mismas, pues lo visto en los telediarios de tarde y noche fue lo que vimos en ‘El Gordo y La Flaca’, y en Super Xclusivo. Fue, también, lo que escuchamos en la radio y leímos en la prensa escrita. “El periodismo es la historia haciéndose”, ha dicho Mario Vargas Llosa. ‘Coquito’ ni ‘Macho’ Camacho son la única historia diaria de nuestro Pueblo. Lástima que la noticia en Puerto Rico haya degenerado en un deleznable producto de consumo. [email protected]

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