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¿Cuál estadidad?

7 de febrero de 2013 - Opinión -

“La impresión dejada el cuatrienio pasado, apuntó a una apertura a la transculturación”

ELVOCERO / Archivo / Ángel L. Vázquez

Luego de la consulta electoral sobre estatus, los estadistas plantean haber logrado un triunfo histórico. La utilizan como base para una ofensiva mayor en apoyo de lograr la admisión. Descartan la controversia sobre la confiabilidad de los resultados, lo que como estrategia política entiendo. Así que, partiendo de esas realidades, podemos concluir que nos enfrentaremos intensamente al tema, aquí y allá. Someto que para el asunto ser atendido con honestidad intelectual y aprovechar el tiempo y dinero a invertirse, el País debe exigir condiciones previas.

Son dos, y evidentes. Que decida el novoprogresismo cuál esquema de estadidad ha de ser impulsada. Además, que se justifique, con lógica electoral, el efecto de las papeletas votadas en blanco en la pregunta sobre estadidad. En cuanto a lo primero es si mantienen el apoyo a la ‘estadidad jibara’, o si la última generación penepeísta abandonó esa modalidad. Si es así, ¿cuál es ahora? Lo otro es cómo compaginar el rechazo al referéndum sobre la unicameralidad bajo la premisa que no asistieron suficientes electores, pero validan el resultado de la segunda pregunta en el plebiscito votado por un electorado mucho más reducido al que asistió a las urnas.

Ahora bien, lo de estadidad jibara no es producto de la imaginación. Es un concepto político cuidadosamente pensado por los fundadores del novoprogresismo y empujado fuertemente en el pasado ante el liderato político demócrata y republicano. Fue, además, la formula defendida en las iniciativas congresionales de 1989 a 1991 y el Proyecto Young. Tiene su basamento en el sentir de nuestro electorado pro Estados Unidos y la anexión, pero renuente a desprenderse de su idiosincrasia hispanocaribeña.

Su máximo propulsor e ideólogo fue don Luis A. Ferre. Donde mejor se resume su postura es en la biografía autorizada de don Luis, escrita por Baralt. Relata cómo el presidente Bush (padre) solicitó del Congreso, el 9 de febrero de 1989 en su Mensaje sobre el Estado del País, “que tome los pasos necesarios para permitir al pueblo [Puerto Rico] que decida en un referéndum” su estatus.

Indica Baralt que cuando Ferré conoció del mensaje, aseguró públicamente, citándolo textualmente, que la estadidad favorecida por Bush era la estadidad jibara “con el castellano como lengua y con las costumbres tradicionales del País” y que así “se acababa con la propaganda completamente inventada de que Estados Unidos no quiere a Puerto Rico como estado…”.

De hecho, es durante esos eventos congresionales que el novoprogresismo recibe una primera respuesta al esquema de estadidad jibara. Baralt describe que fue desconcertante para Ferré que el Comité de Energía y Recursos Naturales solamente discutiera el costo de la estadidad y que “en igual desgracia cayó su concepto de estado jíbaro, que el comité no estaba dispuesto a aceptar”. Menciona la influencia adversa, de importancia, tanto del entonces senador Robert Dole como del columnista, y pronto a ser candidato en las primarias presidenciales republicanas, Pat Buchanan. Este escribió que Puerto Rico era “una nación en útero” y advirtió que admitirnos como estado sería “una invitación al caos”.

Sin embargo, tan reciente como las últimas primarias presidenciales republicanas, se revivió el asunto cuando en visitas aquí, el aspirante Santorum expresó la necesidad del inglés para la admisión y luego Romney lo refutó al expresar que no, y que se respetaría la cultura puertorriqueña. Ese debate sobre la estadidad jibara se dio a ese alto nivel primarista. Pero ¿pasó desapercibido por los ideólogos estadistas o fue que se obvió oportunamente?

Entonces, ¿no es imperativo que el liderato estadista nos diga a los puertorriqueños cuál es su alternativa? ¿Cree todavía el novoprogresismo en lograr un estado jíbaro bajo las premisas Ferreístas, o se ha reestructurado el esquema para una variación, o para ser admitidos como los demás?

La impresión dejada el cuatrienio pasado, más allá de las puntas de lanza de los Guaynabo City y San Juan City Police, apuntó a una apertura a la transculturación. No solo impulsando inclinaciones a la asimilación cultural, si no en la obvia tarea para afectar instituciones puertorriqueñistas.

El liderato penepeísta del pasado cuatrienio dio la impresión que abandonaba la estadidad jibara. Pero, ¿fue con la anuencia de todos o meramente un incidente pasajero en la historia política del estadismo? ¿Es que hay dos discursos dependiendo de la audiencia boricua o la americana? ¿La derrota de Fortuño implica un retorno a los principios de Ferré, o logró Fortuño sembrar fijamente la semilla de su afección estadounidense? ¿Si se mantiene y propone el estado jíbaro, sería descarrilado por Fortuño, allá en su nueva condición de cabildero republicano? Amigos, vuestro turno.

 

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