Lunes 20.05.2013

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Cuba y la Cumbre de las Américas

“Lo que debe preocupar es la pretensión de los dictadores de facto del ALBA de que se permita la participación de Cuba en las Cumbres de las Américas.”

AP/ Archivo

La no participación de Cuba y la soberanía británica sobre las islas Malvinas se convirtieron en las fichas de tranque para viabilizar una declaración de consenso de los mandatarios del continente americano en la recién culminada Cumbre de las Américas celebrada en Cartagena de las Indias, Colombia.

Los países del ALBA fueron quienes llevaron la voz cantante del reclamo de que se le concediera participación a la dictadura militar de los hermanos Castro en los trabajos de la Cumbre, como primer paso para su readmisión con plenitud de derechos al seno de la Organización de Estados Americanos (OEA, la auspiciadora del evento). En esta ocasión, liderados por el que evidentemente aspira a sustituir al comandante Hugo Chávez (quien no pudo asistir debido a su enfermedad) como líder del ALBA en su agenda antiestadounidense, el presidente de Ecuador, Rafael Correa. Este boicoteó la Cumbre con su no comparecencia como protesta por la no participación de Cuba. Sin embargo su campaña para boicotear la Cumbre no tuvo mayor repercusión ni en el seno del ALBA, ya que hasta Venezuela estuvo representada por su Ministro de Exterior, (el homofóbico) Nicolás Maduro. El único que emuló la acción de Correa, en abierto boicot a la Cumbre, fue el comandante Daniel Ortega, presidente ilegítimo de Nicaragua.

Pero más allá del juego de ajedrez político en el seno del ALBA, que se reveló en torno a la celebración de la Cumbre, lo que debe preocupar a los que valoramos los importantes avances que ha tenido la democracia en el continente americano en las pasadas décadas, es la pretensión de los dictadores de facto del ALBA (Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega) y sus émulos (Cristina Fernández de Kirchner), con el apoyo de múltiples gobiernos democráticos de la región (Uruguay, Paraguay, Colombia, México y Brasil), de que se permita la participación de Cuba en las Cumbres de las Américas, así como su plena reincorporación a la OEA sin requerir, a cambio, un compromiso del régimen militar de respeto a los derechos humanos, así como pasos concretos encaminados hacia la restauración de la democracia en la mayor de las Antillas.

Tal pretensión se encuentra en abierta violación del requisito establecido en el 2006 por la OEA para que un país sea admitido en su seno, que sea un país democrático y que no incurra en abiertas y continuas violaciones a la Carta Interamericana de Derechos Humanos. Peor aún, establecería un nefasto precedente al admitir un país con un gobierno no electo y dictatorial, lo que abriría la puerta para que aquellos gobernantes con pretensiones dictatoriales, en su seno, se sientan alentados a materializarlas sin mayores consecuencias, pues el cumplir con unos estándares democráticos y de respeto a los derechos humanos terminaría siendo algo meramente pro forma.

Es por ello que el presidente Barack Obama se mantuvo firme en su oposición a la participación de Cuba en la Cumbre y planteó acertadamente que no fue Estados Unidos el que excluyó a Cuba del evento, sino que esta se autoexcluyó, al su gobierno no mostrar ningún progreso en el respeto de los derechos humanos y en medidas concretas que la encaminen a la democracia. Después de todo, la Cumbre de las Américas se escenificó a solo semanas de la visita del Papa a Cuba, que dio pie a la mayor embestida represiva desatada por el régimen militar desde las postrimerías de la invasión de Playa Girón en 1961, resultando en la detención de sobre mil disidentes como forma de prevenir su participación en las actividades y ceremonias celebradas por el Sumo Pontífice y en decenas de largas condenas carcelarias luego de juicios sumarios.

Pero a pesar de que el asunto de los diferendos sobre la no participación de Cuba en la Cumbre fueron los resaltados por los distintos medios noticiosos, la Cumbre resultó relativamente exitosa en mantener y afianzar la integración política y comercial del continente americano, destacándose a este respecto, el intercambio franco y amistoso entre la presidenta de Brasil, Dilma Rouseff, el presidente Barack Obama y el anfitrión del evento, el presidente colombiano Juan Manuel Santos, quienes dilucidaron respetuosamente puntos de divergencia y convergencia.

Sin duda, la estrella del evento fue Santos, quién en su alocución al pleno, enfatizó el beneficio para todos los países americanos, sean grandes, medianos o pequeños, del Norte, centro o Sur, del territorio continental o de sus múltiples islas extracontinentales, de entablar relaciones comerciales de justo y mutuo beneficio. Cordiales relaciones diplomáticas que permitan el espacio para la dilucidación respetuosa de los inevitables diferendos y conflictos entre estos, que no solo propicie el crecimiento económico, sino también la reducción de la pobreza y la justicia social en el continente. También destacó la importancia de mantener, fortalecer y expandir la democracia en el continente como principio de salvaguarda de las libertades ciudadanas y mejor escenario para propiciar el bienestar social y económico.
Por último, desechó la noción promovida por algunos caudillos populistas militares xenófobos de calificar a Estados Unidos como una potencia imperialista y lo nocivo –para todos los países del continente– que es promover la confrontación político militar entre el Norte y el Sur, reivindicando así, el principio de la cooperación, el comercio justo, equitativo y de beneficio mutuo y la resolución política de las disputas y conflictos en el continente. Nos recordó que llevamos sobre dos décadas en que no se ha escenificado un conflicto bélico de larga duración en el continente y que lo anterior, se ha traducido en la democratización y el progreso económico del mismo.

A la vez, el presidente Obama volvió a comprometerse con el principio de trato entre iguales y respeto mutuo entre los países del continente, no importa la región o el tamaño, precepto que defendió hace tres años en Puerto España, Trinidad Tobago, a la luz de la nueva configuración geopolítica postguerra fría. El ánimo y las condiciones para una paz duradera y una mayor integración política y económica de la América continental son más que evidentes. Aquellos que por agendas propias para perpetuarse en, y acaparar los poderes públicos, promueven la liquidación por la fuerza de sus oponentes internos y externos y temerarias alianzas geopolíticas, afortunadamente reman contra la corriente y ojalá se les pueda derrotar vía la política.

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