Jueves 20.06.2013

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De la colonia a la estadidad (Parte V)

Parte 7 de ‘La Nueva Escuelita Estadista’

La vergüenza causa ambivalencia, les planteaba en mi columna pasada. Por eso, el liderato PPD, aunque de la boca hacia afuera lo niegue, ha demostrado históricamente estar profundamente inconforme y avergonzado ‘del ELA’, queriendo significar la condición de inferioridad política en que vivimos. Esa condición dentro del sistema federal se nos impuso por el Congreso y la Corte Suprema en las leyes Foraker (1900) y Jones (1917) y en los casos de Downes (1901) y Balzac (1922). En 1951, sin embargo, los líderes Populares de entonces convencieron a los puertorriqueños que aceptaran voluntariamente en referéndum esa condición de inferioridad política. Desde entonces, cargamos ese carimbo para nuestra desgracia y nuestra vergüenza colectiva.

La primera expresión clara de cuanto se avergonzaba el liderato del PPD de ‘el ELA’ fue en 1959, a solo ocho años de haber dado el consentimiento a la condición de inferioridad política, cuando propusieron el Proyecto Fernós Murray para derogar la Ley de Relaciones Federales y sustituirla con esa nueva ley que le hubiera dado mayores poderes a Puerto Rico. Aparte de hacer patente tanto la condición de inferioridad política como la vergüenza y ambivalencia del PPD, el proyecto no logró nada. Luego, Muñoz trató de usar su relación con Kennedy para impulsar cambios a ‘el ELA’ pero solo logró la creación por el Congreso del STACOM, que no resolvió nada excepto dos cosas: (1) indirectamente, hacer saber que el Congreso no habría de considerar grandes cambios a ‘el ELA’; (2) directamente, proponer un mecanismo para que los puertorriqueños pudiéramos proponer cambios menores a esa condición de inferioridad política a través de unos llamados comités ad hoc.

La frustración de Muñoz y el liderato PPD fue total. Entonces, de forma oportunista, se les ocurrió hacer un plebiscito en 1967 para pedirle a los puertorriqueños que volviéramos a ratificar la condición de inferioridad política de ‘el ELA’ que precisamente habían estado tratando de cambiar. Vueltos a someterse, entonces pedirían cambios menores por medio de unos comités ad hoc. Triunfaron en el Plebiscito del 67 y posteriormente se nombrarían dos comités ad hoc, pero no se logró ni un pequeñito cambio cosmético a ‘el ELA’ a través de este mecanismo. Todo fue otra gran impostura para mantenernos en la condición de inferioridad política, en ‘el ELA’.

En el relevo de la vergüenza del liderato del PPD por ‘el ELA’, le tocó en 1972 a RHC llevar el batón. Como gobernador en 1973, consiguió la creación de un comité ad hoc que estudió y propuso sustituir la condición de inferioridad política de Puerto Rico definida a principios del siglo XX, ‘el ELA’, con un Pacto de Unión Permanente que crearía de nuevo a ‘el ELA’. La misma paleta con diferente palito.

Los cambios que proponía el Pacto de Unión Permanente no hubieran creado un Puerto Rico totalmente diferente. En general, era una continuación de lo que existía. Lo importante para los líderes del PPD era que hubiera derogado la Ley de Relaciones Federales creando un nuevo Estado de Derecho. Desgraciadamente el nuevo Estado de Derecho que se hubiera creado seguiría siendo territorial y colonial a la vez que pretendía, por la alegada ‘bilateralidad’ del Pacto, poner obstáculos a que Congresos futuros pudieran hacer a Puerto Rico un estado federado o una nación independiente. Ni el Presidente de Estados Unidos ni El Congreso le prestaron ninguna atención a esta absurda propuesta. No hay cambios posibles a ‘el ELA’.

Después de ser derrotado por Carlos Romero Barceló en 1976, Rafael Hernández Colón se retiró a cavilar sobre el presente y futuro de Puerto Rico. Con la ayuda de la intelligentsia universitaria del PPD y diversas fuentes de Latinoamérica produjo en 1978 lo que llamó ‘La Nueva Tesis’ en la que pretendió darnos una visión latino­americanizada de Puerto Rico a tenor con la Teoría de la Dependencia en boga en aquellos momentos. La Nueva Tesis terminó siendo a manera de una declaración sobre la necesidad cultural y económica de la independencia en la que se concluía con un rechazo a la independencia política. (¿Quién habló de ambivalencia?) El miedo de RHC a la soberanía separada y la mentalidad colonialista acendrada de los que lo ayudaron a escribir la Nueva Tesis era mayor que el deseo de cambio. Para nada sirvió la Nueva Tesis.

RHC volvió a residir en La Fortaleza en 1985, pero no empujó sus ideas sobre el estatus apercibido por la Casa Blanca de Ronald Reagan que no habría ambiente para considerar cambios. No fue hasta que George Bush (padre) fue electo a la Presidencia que se le envió la señal en 1988 que bajo su presidencia habría interés en considerar posibles cambios a la condición de inferioridad política de la Isla. (En realidad, George Bush quería promover la estadidad para Puerto Rico, algo con lo que se comprometió desde 1980 cuando corrió y ganó la primaria republicana en la Isla.)

Apercibidos por Bush del deseo de atender el asunto, en 1989, los tres presidentes de los partidos locales reclamaron por carta firmada por los tres que Estados Unidos nunca había consultado a los puertorriqueños sobre sus preferencias en cuanto a las opciones de status. El Congreso entonces aprobó el llamado ‘Comité de Diálogo’ que trajo a la consideración del Congreso las opciones que le presentaban los partidos. Las peticiones ‘wish list’ que el PPD presentó para ‘el Nuevo ELA’ se incluyó en el Proyecto del Senado S712. Contenía toda una serie de peticiones, absurdas, contradictorias o irrealizables en la que pretendían tener los poderes de una república independiente, los beneficios de un estado federado y ninguna de las responsabilidades de una o del otro. En el proceso de consideración senatorial esa propuesta se redujo a unas pocas mejoras al ELA que se consignaron en el sucesor del S712, el S244.

Inconformes con la opción resultante, RHC como gobernador movió sus aliados en el Congreso para matar el S244 en comisión. Así se hizo por un solo voto. (¿Alguien dijo oportunismo?)

Los líderes del PPD ya habían aprendido que ‘el Nuevo ELA’ del S712 no era constitucional ni políticamente posible.

Pero los Populares, avergonzados del rechazo a todas sus propuestas, no se olvidarían de ellas. Las habrían de resucitar para el Plebiscito de 1993. De ahí surgió para consumo local el Frankenstein político que fue la definición de ‘Lo mejor de los dos mundos’. A eso y sus derivados voy en mi próxima columna.

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