Fumar cigarrillos relajaba a Luis López, además de brindarle satisfacción y felicidad. A los 7 años de edad probó por vez primera un cigarrillo a escondidas, con sus vecinitos, para imitar a los adultos.
“Fumaba desde los 9 años por curiosidad. Como a los 16 años, empecé a fumar en serio. No fue por sentirme más hombre; simplemente, fue por copiar lo que estaban haciendo los demás. Veía fumando a mi abuelo. El murió de enfisema pulmonar y mi papá murió de cáncer en la garganta por fumar mucho”, narró López.
Muchos niños y adolescentes fuman por el modelaje que recibieron de sus padres o por presión de grupo y se sienten obligados a hacerlo para no ser excluidos, según Víctor Toraño, psiquiatra asesor de la Administración de Servicios ASSMCA.
López se levantaba a las 3:00 am a fumar y antes de lavarse la boca, ya había probado un cigarrillo. Cada día se fumaba tres cajetillas que a fines de 1980 costaban $2.00.
Aunque conocía el efecto nocivo de la nicotina a la salud, al igual que todos los fumadores, la pasión por el cigarrillo lo dominaba cada vez más. El Instituto Nacional del Cáncer, de los Estados Unidos, informa que “de las 7,000 sustancias químicas presentes en el humo de tabaco, 250 son dañinas para la salud. Ejemplos de dichas sustancias son el cianuro de hidrógeno, el monóxido de carbono y el amoníaco. De las 250 sustancias químicas dañinas presentes en el humo de tabaco, al menos, 69 causan cáncer”.
Pero el amor llegó a los 32 años de López, para motivarlo a dejar el vicio. Cuando conoció a su esposa actual y a su hijo de 12 años, se sentía tan enamorado y al ella pedirle que dejara de fumar, no vaciló en considerarlo seriamente.
“Yo estaba muy enamorado de ella y dejar de fumar fue un ultimátum de ella. Me dijo: ‘Escoge: el cigarillo o yo’. Lo que más me hizo dejar de fumar fue su nene”, confesó López.
Durante cuatro meses sufrió los síntomas de abstinencia, pero estaba decidido a abandonar el cigarrillo y lo dejó de “cantazo”. En ocasiones, le daba catarro, una tos terrible y por casi un año tenía mucosidad en la nariz.
“Me casé en el 2000 y había dejado de fumar hacía tres años antes. Como a los 30 lo dejé, no porque quería dejarlo, sino porque a mi esposa y a su hijo les molestaban el cigarrillo. Después de dejar de fumar, no podía pensar, razonar. Me sentía perdido. No me sentía mal físicamente, sino mentalmente”, dijo.
Está convencido de que la fuerza de voluntad, el coraje y la motivación personal logran romper con el vicio. “Pero si lo haces, no deberías tocar uno más nunca”.
Toraño informó que hay disponible dos grupos principales de tratamiento para cesar de fumar: los medicamentos y los reemplazos de nicotina como los parches y las gomas de mascar (“chiclets”).
“Hay distintos tipos de medicamentos que trabajan a nivel del receptor de la nicotina y lo que hace ese medicamento, en particular, es que cuando la persona fuma, no siente el placer que sentía antes”, agregó el psiquiatra.
También recomendó las terapias o tratamientos conductuales que emplean distintos métodos para desistir de fumar, la lectura de materiales de autoayuda y las terapias psicológicas o psiquiátricas individuales.
Sin embargo, el psiquiatra reafirmó que “cada persona tiene que llegar a la conclusión sobre lo que es malo para ellos… Una vez, la persona llegue a la conclusión de que el uso del cigarrillo es malo para ella, es fijar una fecha para dejar de fumar”.
Así mismo, recomendó buscar ayuda con un profesional de la salud. Además, puedes llamar al servicio de cesación de fumar, “¡Déjalo ya!” del Departamento de Salud de Puerto Rico, 1-877-335-2567. El viernes se conmemora el Día de No Fumar, por lo tanto, se exhorta a deshacerte de ese vicio por el bien de tu salud.