Hace exactamente un año mi vida cambió por completo. Estaba en la cúspide de mi carrera política y profesional. A meses de lograr lo que alguna gente creía imposible, pero que otras daban por sentado. En un abrir y cerrar de ojos perdí mis sueños, mis anhelos, mi pasión, perdí todo.
El mundo se derrumbó ante mis ojos y viví la dantesca experiencia de morir en vida y transportarme a lo que han descrito pocos como el infierno. Me encontré lleno de soledad y desesperanza, de aquellos que esperaba su apoyo, me abandonaron.
Gracias a las decisiones que tomé muy temprano en mi vida, vinieron a mi rescate mis amigos de infancia, mis compadres y ‘las nenas de la clase’. No faltaron mis padres y mis hermanos, personas que no tenían obligación alguna para conmigo, como el amigo doctor de Morovis y su esposa, mi equipo de oficina y de campaña, compañeros de partido y adversarios de partido. Amigos de la prensa, el Monseñor, las cientos de personas que me enviaron mensajes de apoyo y que al día de hoy no conozco. Los que día a día me encuentro y tienen un comentario de apoyo, de solidaridad y positivismo, claro y por supuesto mis hijos, Héctor, Marielisa y Eduardo, que sin ellos nunca me hubiese levantado.
El legendario entrenador de fútbol americano, Vince Lombardi, dijo y cito: “It’s not whether you get knocked down; it’s whether you get back up”. Hoy, puedo decir basándome en la cita de Lombardi, que he logrado levantarme del golpe más fuerte que jamás he recibido. Ni el dolor que ocasiona el colapso de una arteria coronaria (sé lo que se siente) se compara con lo que viví.
En este proceso he aprendido que la vida nos enseña quién verdaderamente somos, y de qué madera estamos hechos. De disfrutar de quienes me rodean y de amar a quienes me aman. De detenerme un momento ante el sol, temprano en la mañana, con el salir del alba y admirar ese primer destello de luz solar y apreciar la grandeza del Universo y de Dios. Hoy sonrió más, algo que no hacía tanto en público, y disfruto de la vida.
Se me ha preguntado si regresó a la vida política, si aspiraría a regresar. La contestación es muy fácil, hace tiempo que regresé. Por supuesto, el hecho de ocupar una posición política está por verse, tienen que considerarse todas las circunstancias que rodeen la decisión. Al País se aporta desde muchos lugares, la pluma y el papel es un buen lugar o desde la cabina de la radio, también. Por supuesto, nada como en el centro del cuadrilátero, en la arena política. ¡Veremos!
Aprovecho la oportunidad que me brinda EL VOCERO en esta primera columna para aclarar la mala intención de algunos que han querido manipular la verdad. En el proceso de levantarme unos amigos alcaldes, de mi partido, me brindaron su ayuda contratándome para que rindiera servicios a sus municipios, a pesar de exponerse a la maldad maquiavélica de la política puertorriqueña. He trabajado para los municipios de San Lorenzo, San Germán y Juana Díaz. Las facturas y mi trabajo están consignadas en esos municipios. Para los municipios de Guánica y Aguas Buenas no cobré un solo centavo. En San Juan no he cobrado un solo centavo. Mis clientes privados son eso, privados. Me pregunto yo: ¿A caso es delito en Puerto Rico trabajar? Para eso estudié.
En fin, a la vida regresé.