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Devolvamos el prestigio a la Uniformada y nuestros policías

15 de septiempre de 2011 - Opinión -

Todos conocemos policías que son trabajadores, diligentes, íntegros y que sacrifican su vida a diario para establecer el orden y proteger nuestras comunidades. Reconocemos sus habilidades, admiramos su valor, y los consideramos amigos y hermanos. Son la gran mayoría.

¿Por qué, entonces, existe la tendencia de demonizar a los agentes de nuestra Uniformada? A raíz del informe negativo emitido por el Departamento de Justicia federal sobre la condición de nuestra Policía, este sentido de menospreciar a nuestros agentes se ha exacerbado.

Pero creo justo establecer un punto claro: El problema no es uno del policía como individuo; es un problema craso de la visión y diseño de la organización. Varios estudios han contemplado esta perspectiva (Cao, 2002, Department of Justice; Kohan 2003), y los resultados establecen que factores como (1) la corrupción, (2) el uso excesivo de fuerza, (3) el abuso de poder, y (4) el abuso verbal, tienen que ver con las características organizacionales del cuerpo policiaco, y no con el individuo como tal.

Como ejemplo, para los 1970, había mucho discrimen y segregación racial en EE.UU., y la agresión policiaca contra los afroamericanos era fuente de preocupación. Dos lugares de alta tensión eran Washington, D.C. y Birmingham, Alabama. En Washington, la incidencia criminal era dos veces más alta que en Birmingham. Sin embargo, las incidencias donde los policías utilizaban fuerza mortal (deadly force) eran 4 veces más altas en Birmingham. Ajustado por población e incidencia de crímenes – por cada sujeto que resultaba herido de bala por un policía en Washington D.C., se usaba armas de fuego contra OCHO en Birmingham. Después de 3 años, se normalizó la tendencia, y las dos ciudades reflejaban niveles similares en este renglón. ¿Cuál fue la diferencia? Un cambio radical de visión de administrativa. (Milton, 1977).

Cuando se hicieron estudios similares para ver si había algún efecto en términos del perfil racial de los policías (afroamericanos o blancos), en torno a quiénes detenían o arrestaban, y contra quiénes utilizaban fuerza, se demostró que no había ninguna diferencia significativa. Por ende, el policía como individuo no es el problema (Fyfe, Geografical Correlates of Police Shootings).

Entonces, ¿cómo mejoramos la plataforma organizacional de la Policía?

La Policía, a pesar de ser una agencia de gobierno, es muy distinta a otras dependencias. Por ejemplo, el rol de un empleado del Seguro Social, cuyo trabajo es entrar datos en la computadora, calcular pagos y distribuirlos, se rige por una serie de comandos bien claros y estructurados. En el caso del policía, su rol de “Servir y Proteger” y “Hacer Valer la Ley” es más amplio, menos específico, y depende mucho del juicio del oficial para que se ejecute apropiadamente.

Por lo tanto, hay que cambiar el modelo burocrático tradicional de la Uniformada a uno que sea más efectivo y aplicable al rol amplio del policía, basado en un mayor incentivo al policía (económico, social, etc.) y más penalidades por faltas cometidas, más adiestramiento y educación, y una supervisión más a tono con su actualidad. Esta combinación de factores ayudaría a mejorar el ánimo y desempeño de los policías, como también la manera en que el policía deberá responder por sus actos.

En cuanto a los fondos para sufragar estas mejoras, este asunto hay que mirarlo en términos de lo que podremos AHORRARNOS si lo hacemos… o cuánto más nos costaría no hacer nada al respecto. Los crímenes violentos y a la propiedad cuestan carísimos (Bureau of Justice Statistics). Se estima que en EE.UU., los robos cuestan sobre $580 millones anualmente; aproximadamente $1,315 por robo por cada hogar escalado (FBI, “Crime in the United States 2008: Robbery). Además, de manera directa, el gobierno se ahorraría millones de dólares en demandas en contra de policías por abuso. En Chicago, el costo por estas demandas al gobierno local alcanza los $20 millones; en Nueva York, ha llegado hasta los $87 millones (New York Times, 2002).

Basado en este cambio de visión administrativa, podemos implementar varias prácticas que ya han dado fruto en distintos lugares del mundo.

Primero, el adiestramiento continuo en los distintos cuarteles ayuda a mantener a los agentes preparados y al tanto de la tecnología moderna, toda vez que mantiene a los supervisores en constante comunicación con sus oficiales. Segundo, se debe adiestrar a los nuevos policías con las metodologías más modernas, y capacitarlos para adaptarse a nuevos cambios en el campo de la justicia criminal. Esto será fundamental, sobre todo a mediano y largo plazo. Cónsono con estos dos puntos, está el concepto de la educación continua; los agentes deben seguir educándose para tener las herramientas necesarias que les permitirán hacer valer la ley, a la vez que amplían sus horizontes profesionales. Tercero, crear comités de “respuesta comunitaria”. Este modelo reúne a la comunidad con líderes políticos y comunitarios, educadores, trabajadores sociales, médicos y policías, para discutir las leyes y situaciones que afectan a su comunidad. Así, se apodera al pueblo para que conozcan sus derechos y responsabilidades, a la vez que se posiciona al policía en un rol positivo de prevención. Cuarto, crear herramientas de transparencia para el pueblo y el policía. Un ejemplo es la página de Internet www.crimemapping.com, donde se detallan las incidencias y estadísticas del crimen para que el pueblo esté al tanto y tenga acceso directo e inmediato a ellas.

Éstas son tan solo un puñado de muchas estrategias que se pueden implementar.

Recordemos que el policía está ahí para servirnos, poniendo su vida en peligro por nuestra seguridad. La solución para lograr una Uniformada más efectiva y eficiente no es demonizar al policía, sino proveerle los incentivos, la supervisión, el adiestramiento y las herramientas necesarias para desempeñarse cabalmente en sus labores de ley y orden.

El invertir en esto ahora, será más costo-efectivo, mejorará nuestra organización policiaca, y nos ayudará a combatir el crimen rampante que sigue en alzada.

De no hacerlo… como dice el refrán… lo barato, nos saldrá bien caro.

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