Miércoles 19.06.2013

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El ELA ‘fortalecido’

“¿No cabe que se interprete que alguien votando ‘Sí’ apoyó un ELA ‘fortalecido’ y no necesariamente una de las tres opciones de la segunda pregunta?”

EL VOCERO / Archivo

Las dos preguntas presentadas al electorado en el pasado evento electoral han sido interpretadas con tantas variaciones como posiciones ideológicas u oportunistas existen, aquí y en sus sucursales en EE.UU. Esto inevitablemente confunde más la controversia y apoya la estrategia de desentendimiento de quienes podrían hacer algo en Washington. Y ahora que Casa Blanca ‘insinuó’ que su matemática electoral no cuadra con la de los estadoistas, se embarulla más el asunto.

La segunda pregunta, objeto de mayor disputa, real o fabricada, y puntal para los proponentes de la anexión y la separación, descarta las ‘papeletas en blanco’. O sea, ese producto de un elector que votó en la elección general, contestó la primera pregunta pero en esa misma papeleta no contestó la segunda pregunta. Si ponemos una pizca de atención a la naturaleza humana, apunta a que considerando el ejercicio físico y emocional de acudir al colegio, tomar las papeletas de candidatura (tres) y la del estatus y luego de todo ese ejercicio, no contestar solamente la segunda pregunta, es, querámoslo o no, un acto voluntario y con propósito.

Ha habido, por supuesto, un conveniente olvido, acá, del sentido tras la ‘papeleta en blanco’. El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha reconocido que en la cultura electora estadounidense “una reglamentación electoral razonable no puede requerir que los votantes abracen una posición que ellos no respaldan”. Siguiendo ese razonamiento constitucional, nuestro Tribunal Supremo determinó para el plebiscito de 1993 que el voto en blanco era permitido a “toda aquella persona que no quiera suscribir una de las fórmulas por estar en desacuerdo con las definiciones ofrecidas…”

Pero, independientemente de la racionalización leguleya de hoy en torno a eso, no pasa de moda esta expresión: “¿No resulta, acaso, más cónsono con la genuina democracia una ley que provea para la definición de las (3) tres fórmulas de estatus por los (3) tres partidos políticos que tradicionalmente las han representado y defendido, que un estatuto que pone en manos de la mayoría parlamentaria la redacción de las definiciones de tales fórmulas?” (Para quien quiera constatarlo, es el caso Sánchez Vilella y Colón Martínez v. ELA II, del tomo 134 de las Decisiones de Puerto Rico a las páginas específicas 519 a 520.)

Viajemos, ahora, a la primera pregunta que constituye el puntal sobre el que coinciden todos los intérpretes de la segunda pregunta. Para efecto de argumento concluyamos que una mayoría coincidió en que el estatus actual tiene que ser cambiado. Los redactores de la ley intentaron dar contenido a esa primera con la segunda pregunta. Pero implotada la segunda, ofrecen ahora otra interpretación: que el cambio de estatus votado es únicamente hacia la separación, la libre asociación o la anexión.

Pregunto, ¿no cabe que se interprete que alguien votando ‘Sí’ apoyó un ELA ‘fortalecido’ y no necesariamente una de las tres opciones de la segunda pregunta? Pues lo que se quería conocer en ella es si se estaba o no de acuerdo con lo que existe. Y el ELA fortalecido no es lo que existe.

Entonces, ¿qué es el ELA fortalecido? En su origen congresional es ‘enhanced Commonwealth’. Fortalecerlo “para acelerar el desarrollo económico y social y alcanzar la máxima autonomía cultural y política del pueblo de Puerto Rico en su unión permanente con Estados Unidos…” Resulta del proyecto de ley radicado por los senadores Johnston (demócrata) y McClure (republicano) con consentimiento, producto de consenso, del liderato de anexionistas, separatistas y autonomistas del patio.

Mas eso no es un nombre vacío. Comprendería que: las leyes federales serían inaplicables aquí excepto en asuntos especificados y de nosotros no estar de acuerdo se establece un proceso de protesta rápido; la libertad de negociación de acuerdos de transportación aérea internacional; la imposición por nosotros de tarifas a productos del extranjero; en las negociaciones comerciales de EE.UU. que afecten a Puerto Rico formaríamos parte; se eliminan los controles portuarios y estableceríamos nuestra propia comisión marítima; se protege la propiedad intelectual; las ayudas federales, con excepción de algunas, se consolidarían y nunca se podrá legislar cantidades menores que las del año anterior; los nombramientos a cargos federales en Puerto Rico se le consultarían a Puerto Rico; otro comisionado residente al Senado; y etcéteras.

No sé si ese es el desarrollo que hoy vislumbra el PPD. Pero lo era en 1989-90. Me consta. Y entonces no eran idealismos. Eran realidades que se estrellaron contra una más fuerte: el rechazo a la anexión porque “You are different” (independiente de los Guaynabo City y Jurutungo Ward).

Ah, y puedo también terciar en la astrología política. Con el cabezazo del lunes por Casa Blanca a la Estadidad, ¿se inicia el cumplimiento del ‘Tratado del Sándwich’ Obama-García Padilla?

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