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El Salón de la Fama sobrevivirá

10 de enero de 2013 - Deportes, Estados Unidos -

Una buena manera de describir lo ocurrido es catalogarlo como un voto de penitencia

Artículos de Barry Bonds del récord de jonrones en Cooperstown. (AP)

Por Eric Núñez 

NUEVA YORK  — Los reproches son estridentes: el Salón de la Fama del béisbol se ha convertido en una institución irrelevante, anacrónica y hasta injusta.

Otros se despachan con punzantes críticas que cuestionan la capacidad intelectual de los periodistas que tienen asignada la tarea de seleccionar a los miembros exaltados, que si se dejan llevar por rencores, que se hacen de la vista gorda con estadísticas irrefutables, que son incoherentes.

Todo esto porque en el año 2013 no se pudo elegir a nadie dentro de un pelotón de 37 candidatos que incluyó al líder histórico de jonrones (Barry Bonds), el lanzador con la colección más voluminosa de premios Cy Young (Roger Clemens) y el único bateador con tres temporadas de por lo menos 60 cuadrangulares (Sammy Sosa).

Poniendo de lado el encendido debate, que realmente ha sobrepasado los límites de la histeria, el resultado de la votación fue el que se esperaba.

No hay que dar muchas vueltas para interpretar lo acontecido: se dio un referéndum con el pronunciamiento de rechazo rotundo a los jugadores que fueron los rostros visibles de la era de los esteroides.

Bonds, Clemens y Sosa, dueños de récords y protagonistas de prodigiosas proezas, fueron objetos del desaire de una masa de votantes que sospecha que sus logros se debieron al consumo de sustancias dopantes, sin importar que ninguno de los tres ha confesado que lo hicieron.

Pero los participantes en la votación de la Asociación de Cronistas de Béisbol de Nortamérica también ignoraron a Craig Biggio, Mike Piazza y Curt Schilling, otro trío de debutantes en la papeleta. La misma suerte se cebó con Jack Morris, Jeff Bagwell y Tim Raines, quienes repetían.

Una buena manera de describir lo ocurrido es catalogarlo como un voto de penitencia, en el que la factura por los platos rotos tras una de las más vergonzosas páginas del béisbol profesional ha sido compartida por todos.

“Aquí lo que estamos viendo es que van a pagar justos por pecadores, porque mira ahora como nadie entró”, dijo a The Associated Press Juan Marichal, el pitcher que en 1983 fue elevado a Cooperstown y es el único dominicano con una placa en el templo de inmortales.

Se trata de un castigo sin discriminaciones, destacó Mike Schmidt, otro miembro del Salón.

“Schilling lo planteó bastante bien, todos fueron culpables. Ya sea por consumir sustancias para mejorar el rendimiento o porque no hiciste nada para evitarlo. Esta generación se hizo rica. Parece que hay un precio que se debe pagar”, comentó Schmidt a la AP.

A la larga, con 14 años adicionales para ser sometidos en futuras votaciones, lo previsible es que la resistencia se irá disipando con el paso del tiempo y el volumen de votos irán en aumento hasta que los señores en mención lograrán sumar ese 75% mínimo necesario.

En los textos publicados con los votos, muchos de los periodistas se mostraron disposición a cambiar el punto de vista.

Así que Clemens, que recibió 37,6% de apoyo, y Bonds, que sacó 36,2%, estarán algún día en Cooperstown. Así que tranquilos, la historia no será borrada del mapa. Quien tal vez se encuentra peor parado es Sosa, cuyo 12,5% de adhesión luce muy débil.

Vale resaltar que las palabras más sosegadas tras el voto fueron las del comisionado de Grandes Ligas Bud Selig, al ponerle una pizca de perspectiva a la segunda vez en cuatro décadas en la que nadie salió elegido.

“Esto no consiste en votar para garantizar que alguien entrará todos los años”, dijo Selig. Se vota para asegurarse que tienen los méritos. Respeto a los cronistas, al igual que al Salón. Este concepto de que esto de alguna manera menoscaba al Salón de la Fama me parece sencillamente ridículo”.

¿Qué pasará ahora?

Pues se abrirá un compás en el que arreciarán pedidos de reformar en la votación de la BBWAA (las siglas en inglés de la asociación de periodistas), sobre todo buscar la eliminación de una cláusula que se ha convertido en el instrumento para fundamentar una negativa contra un jugador al que se le señala como tramposo.

“El voto se debe fundamentar en la trayectoria del jugador, su talento, integridad, espíritu deportivo, carácter y aportes al equipo (s) en el que pelotero formó parte”, reza la cláusula.

Aunque no sea del agrado de muchos, esa normativa se mantendrá vigente por buen rato. Los directivos del BBWAA insisten que la votación seguirá en manos de los periodistas, aunque este julio seguramente resentirán las pocas visitas a la villa de Cooperstown.

Pero lo que sí se puede hacer es plantearse cambios en el formato, el cual a todas luces no es perfecto.

El rechazo a todos los candidatos de 2013 tendrá cola, puesto que la lista de espera aumentará en votación del año próximo. Greg Maddux, Frank Thomas, Tom Glavine y Mike Mussina aparecerán en 2014 y luego será el turno de Pedro Martínez, Randy Johnson y John Smoltz en 2015.

Pero un votante sólo puede ponerle gancho a 10 casillas en la papeleta y el riesgo es evidente de que muchos nombres con sobrados méritos deberán ser sacrificados. Una recomendación, entonces, es incrementar temporalmente a 15 la cantidad de peloteros que uno podrá seleccionar.

También se habla de una depuración del universo de votantes de la BBWAA, al que uno se incorpora después de 10 años consecutivos de membresía. Lo malo es cuando varios de esos periodistas se alejan del trajín diario de la cobertura del deporte. Una de los votos que llamaron la atención este año fue el de tres cronistas que alguna vez cubrieron béisbol, pero que ahora lo hacen para un portal de golf.

En defensa de los votantes, el techo de 75% es en extremo exigente. Nunca faltará alguien que por diversos motivos, o tal vez un capricho, decidirá rechazar a un pelotero, sin importar la opinión generalizada de que su puesto en el Salón está ganado. Siempre saldrá alguien a decir que determinado jugador no merece ser exaltado en el primer año.

Hasta ahora, nadie ha recibido un apoyo unánime. Parece absurdo, pero hubo gente que votó en contra de Babe Ruth y Willie Mays. Joe DiMaggio tuvo que esperar dos turnos para conseguir el mínimo necesario, con un octavo lugar y apenas 44,3% en su primer año de elegibilidad.

Así es el Salón de la Fama.

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