Lunes 20.05.2013

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¡Felicidades Michael!

Era un niño cuando Jordan fue dueño y señor de la NBA. Hoy que cumple 50 años, un recuento de mis memorias sobre el más grande de todos los tiempos.

Michael Jordan cumple 50 años pero parece que fue ayer su reinado en la NBA. Suministrada.

Mi relación con Michael Jordan fue de amor y odio…y de vuelta a la admiración eterna.

Muchos pueden compartir estas emociones conmigo, en especial aquellos que tuvieron su niñez en la década de los 90 y nos enamoramos del baloncesto gracias al escolta de 6’6’’ de estatura de Carolina del Norte (‘Piculín’ lo complementó a nivel local).

Vimos a un artista usar el balón de pincel y el canasto como lienzo para crear unas obras de arte que adornaron nuestras puertas y paredes del cuarto. Nos hizo comprar tarjetas y estampitas con su lengua afuera; hizo sufrir el bolsillo de nuestros padres por antojarnos de sus tenis. No lo niegues, fuiste al cine a ver ‘Space Jam’.

En fin, como canta R. Kelly: nos hizo creer que podíamos volar.

Los Bulls de Chicago eran nuestro equipo favorito porque el jugador preferido del planeta se uniformó de rojo y blanco. Y cuando se marchó luego de crear una legacía irrepetible nos quedamos huérfanos de quinteto a seguir. ¿Cómo se atrevió a abandonarnos luego de acostumbrarnos a sus grandezas? ¿A quién pretendías que admirara si eres irremplazable?

Como todo, el despecho pasó y emigré a los Knicks. Y sí, tenemos a Kobe Bryant, LeBron James y Kevin Durant que nos asombran con sus hazañas.

Pasé la página y revivo mis tiempos de ‘chamaquito’ cuando en la televisión presentan las escenas más memorables de su carrera. Empero, a 15 años de su último tiro en Utah (seamos honestos, la efímera reaparición con los Wizards no cuenta) creo que la NBA no supera su partida.

Las comparaciones con Jordan florecen a menudo cuando Bryant o James escriben sus momentos históricos en la liga, buscando paralelos, tratando de subirlos al límite de la vara que estableció el ‘señor de los alturas’. Simplemente no se puede; no se podrá.

No hay duda que ambos tendrán sus legados, pero jamás una era. No hay duda que son admirados, pero jamás idolatrados. No hay duda que son minas de mercadeo, pero jamás serán marcas.

Hoy, Jordan entró al medio tiempo (50 años) de su vida. Y aunque ahora probablemente sufre de dolores de cabeza por la mediocridad de sus Bobcats, no son suficientemente fuertes para opacar su cumpleaños.

Como motivo del festejo, presentaré cinco memorias de su ilustre trayecto con una nota al calce de qué son después que tuve la noción de su existencia. Me perdí los 63 puntos que le metió a Boston en la postemporada del 1986 cuando Larry Bird pensó que Dios estaba disfrazado de Jordan; las majestuosas volcadas en las competencias de donqueos; el tiro brincado sobre Craig Ehlo que sacó a Cleveland de la postemporada en el 1989; sus 10 ‘triples dobles’, siete corridos, en 11 juegos en el mismo año; y el llanto sobre el primer trofeo Larry O’Brien que ganó en 1991.

No se preocupen, hay buenos momentos luego que nos hacen cuestionar que Jordan ya tiene medio siglo de existencia.

Hizo sufrir a Barkley

Ya mi padre me había presentado a Jordan en la sala de su apartamento, pero fue en el verano del 1993 -a mis ocho años- que reconocí la grandeza que evidenciaban mis ojos. Jordan se encaminaba a construir la primera dinastía de los Bulls con un tercer campeonato consecutivo.

Jamás olvido el rostro de sufrimiento de Charles Barkley al ver como Jordan le arrebataba con facilidad su única oportunidad de ser campeón. No sé ustedes, pero después de esta serie noté que ‘Sir Charles’ comenzó a ganar peso, quizás por la depresión que le causaron los 41 puntos (marca vigente) que promedió Jordan en seis partidos de final. Dinastía completa, Jordan se proclama como el atleta más dominante y famoso del planeta a meses de la inesperada sorpresa que impactó al mundo del baloncesto: su primer retiro para irse a jugar béisbol.

Jordan y 72-10

¿Qué hacer cuando Shaquille O’Neal y el Orlando Magic te arruinan el regreso? Regresar la próxima temporada y liderar a tu equipo a registrar la mejor marca en la historia (72-10) y volver a la cima de la NBA.

A pesar del récord, los Bulls del 1995-96 no parecían un equipo de estrellas capaz de semejante hazaña. ¿Luc Longley? ¿Toni Kukoc? ¿Ron Harper? Buenos, pero no grandes jugadores. Aquí entra la grandeza de Jordan discutida con un pana en una barra. El espíritu ganador que traía a cancha todas las noches hacía ver invencible a un equipo promedio; estás en el mismo equipo con el mejor jugador del planeta y si no te pones la pilas el regaño viene. Para Jordan, perder no era una opción. Y terminó dicha temporada con un octavo título de anotaciones (30.4), y un cuarto trofeo de JMV.

Jordan y las tenis

“¿Son los tenis? Tienen que ser los tenis, Mike”, le repetía una y otra vez Spike Lee a Jordan en el anuncio de Nike sobre si sus zapatillas lo hacían el mejor jugador del universo. Lo negó rotundamente, pero nos hizo creer durante su carrera que sí eran los tenis.

Si eras un niño y fanático de Jordan a la vez, tuviste que haber tenido un par. De los 28 estilos que han creado, no sé cuales tuve, pero sí recuerdo la cara de asombro de mi madre por antojarme de unas tenis valoradas en $100.

Para los padres, desembolsar dicha cantidad por unos zapatos era pecado. La marca Jordan, la cual vende $1 billón anuales –según la revista Forbes–, abrió las puertas para que varios balonceslistas como Allen Iverson y Bryant, entre otros, tuvieran sus propios calzados. Jordan podrá tener ahora 50 años, pero vivirá por siempre en los pies de miles.

Jordan enfermo

Ver hoy en día a Carmelo Anthony perderse un juego por una cortadura de dedo o a Dwight Howard estar sentado por lesiones que muy bien podría soportar en cancha, me hace pensar en aquel quinto juego de la final del 1997.

Jordan, afectado por un virus, le encestó 38 puntos a Karl Malone, John Stockton y compañía con la imborrable imagen de Scottie Pippen manteniendo de pie a su compañero que ardía en fiebre.
MJ, incansable competidor al fin, no puso excusas. Había que jugar y quería jugar. La fiebre la tenía siempre: amor por el baloncesto. En sus últimas tres temporadas con los Bulls, jugó todos los 82 partidos en calendario, sin contar los juegos de playoffs. Y en su última con los Wizards, a los 39 años, también jugó de principio a fin. ¿Son los genes, Mike? Me imagino que me dirá ‘no’.

Jordan y el último tiro

Empujara o no empujara a Bryon Russell, la imagen de Jordan lanzando el tiro ganador en el sexto juego de la final de 1998 contra Utah está entre las mejores de su carrera.

No solo fue el tiro, fue el robo de balón a Malone, bajar la bola y esperar que el reloj disminuyera para el puntillazo mortal.

Fue el mejor ‘estilo Jordan’ posible que nos dejó para recordarlo por siempre. El acto final lo presencié nuevamente en la sala del apartamento de mi padre sin imaginarme que terminaba todo allí, en la cima de la montaña como el mejor jugador del planeta. ¿Qué mejor desenlace? Aunque el propio Jordan lo niegue, no existirá otro igual.

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