Oficialmente comenzamos un cuatrienio con un nuevo gobierno en el poder. Se tiró la raya divisoria de la responsabilidad del gobierno PNP del cuatrienio del 2008 al 2012, al que recién estrenamos bajo el PPD en el 2013. Ahora le toca el turno al bate al PPD a enfrentar los problemas profundos que aqueja nuestro país.
Nuestra economía está a punto del precipicio financiero con una tasa de desempleo rampante y pobreza inaceptable. La violencia sin freno producto del trasiego de drogas a diario cobra vidas, sin importar clase, raza o preferencia partidista. La violencia doméstica entre parejas, por un lado, y el maltrato contra menores y envejecientes aqueja nuestro entorno familiar. La desconfianza en un sistema de justicia criminal se agudiza ante la impunidad y el ‘toallazo’ al criminal. La población de tercera edad desatendida vive en la precariedad económica. La falta de acceso a servicios de salud de calidad y una educación pública que pende de un hilo no se logran enderezar. En fin, la desconfianza profunda en las instituciones gubernativas hace patente la desesperanza. Ahora la responsabilidad de las políticas públicas para redirigir los destinos de nuestro país recae sobre el PPD. Se acabaron las excusas de la arrogancia e insensibilidad de las políticas públicas del PNP que no aliviaron las penurias de la gente.
De cara al 2013, el nuevo gobierno del PPD enfrenta el impacto de una debacle financiera globalizada enraizada en la fragilidad del sistema capitalista, que no solo afecta a Europa, sino a Estados Unidos con su resonancia en Puerto Rico. La lucha fraticida entre visiones partidistas ante nuestra relación política con EE.UU. no da tregua. Nuestro sistema económico artificial de dependencia absoluta en fondos federales para nuestra subsistencia, minó las fortalezas necesarias para fundamentar el sentido de orgullo colectivo en forjar un esquema de productividad, en lugar del mantengo como paradigma. Mirar hacia el Norte no necesariamente resolverá nuestra solvencia económica en una coyuntura histórica en que EE.UU. batalla por no caerse por el abismo financiero.
Las plumas y voces politizadas criollas, como gladiadores de la palabra, desenvainan sus armas para esgrimir su mapa aguerrido. Con su florete, espadín o espada, dependiendo de su pasión en su verdad, a diario ejecutan su duelo ante un público cautivo ávido de conseguir una brújula para guiarnos en trazar el mapa de un mejor país. Hay quienes se dejan engatusar por la lucha apalabrada del momento para declarar un vencedor, pero hay otro público que entiende que el fin no justifica el medio. Quienes vamos contra la corriente abriendo camino en otras direcciones del duelo dicotomizado prefabricado, nos rasgamos con las espinas punzantes batallando contra la maldad de la censura y mordaza para invisibilizarnos.
La polarización de nuestro Pueblo en el duelo político es palpable. Ahora se invierten los papeles. Sumergidos en su intento de contagiar al País con un sueño de esperanza, el PPD celebra con algarabía su victoria de llegar al Palacio Santa Catalina para apoderarse de las arcas públicas. ¿Se aplacarán los portavoces del PPD altisonantes en los medios que fiscalizaron al PNP? La otra mitad del País trata de hacer de tripas corazones para aceptar su derrota. Enfilan la punta de sus plumas embotadas, para ahora con tinta y voz enardecida retomar la labor fiscalizadora. El repique del cuero al son de bomba y plena de la victoria del PPD, junto a otros sectores que se sienten liberados del yugo opresivo del PNP, se contesta con los tambores de guerra de la Palma. Ya se escuchan voces que advierten como profetas de la persecusión política, la avalancha de investigaciones de corrupción que se avecina para criminalizarles su ideal político a favor de la estadidad.
La palabra empeñada del PPD de crear 50 mil empleos en 18 meses, mientras erradica la violencia en el País, y los contratos en que se despilfarra dinero público sin obtener beneficios para el Pueblo, son las varas que se utilizarán para aguillotinar con la espada de Damocles al gobierno entrante de Alejandro García Padilla. Bajar el costo de los servicios esenciales como luz y agua con sistemas alternos de energía renovable, sin violentar nuestros recursos naturales, ni poner en riesgo la vida humana es una meta impostergable. El País espera con escepticismo si el PPD cumplirá con su promesa de poner “la gente primero”.
Proponemos como punto de partida, que los (as) funcionarios (as) del gobierno reciclado no repitan la película de largometraje que el Pueblo se cansó de ver. Como guía les proponemos un catálogo de resoluciones para el cuatrienio nuevo. Que tal si se graban en su corazón y su conciencia el siguiente rosario de compromiso político: No abusaré del poder. No cometeré corrupción. No robaré fondos públicos para beneficio personal. No abusaré del privilegio de viajar para asuntos impostergables de alto interés público. No viajaré en primera clase, ni me quedaré en hoteles de lujo. No utilizaré a otros servidores públicos como sirvientes para beneficio personal. No cerraré las puertas al público, ni del Capitolio, ni del Palacio de Santa Catalina, ni los tribunales. No cerraré el acceso a la prensa. No favoreceré a los familiares de políticos electos para ubicarlos en puestos públicos, ni intercambiaré favores políticos. No les daré la espalda a las víctimas sobrevivientes de delitos de violencia contra la persona, ni a las poblaciones vulnerables como los niños, estudiantes de educación especial, enfermos, ni envejecientes. No maltrataré, ni daré la espalda a nuestros pensionados(as) quitándoles el poco sustento que han logrado acumular para enfrentar su tercera edad. No abusaré del ambiente. En fin me comprometo a tener el oído en tierra, y frenar ante las tentaciones del abuso del poder, en sus mil formas.
El País espera que reine la prudencia y la sensibilidad hacia la gente. De lo contrario, la guillotina política le espera en las urnas el 2016.