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José + María = Jesús (opinión)

21 de febrero de 2013 - Actualidad, -

La nueva excusa para prejuiciar es que la supervivencia del ser humano depende del matrimonio.

Imagen: ElVocero/Sebastián Márquez

Una muchedumbre de varias denominaciones religiosas se reunió el pasado lunes para participar de la actividad “Puerto Rico se Levanta en Defensa de la Familia”. Todo un homenaje al sentido común con carteles que decían “reconozco tu derecho, no tu conducta”, y la lumbrera de “José + María = Jesús”, ignorando que el chillo de la joven, un tal Espíritu Santo, fue quien preñó a la fémina, y no el barbú de José.

Miles de personas utilizaron como defensa el que “son mayoría”, quizás por eso mismo Jesús decidió no volver a este mundo, pues no olvida que una mayoría fue quien le gritó “¡crucifíquenlo!”. A lo largo de la historia, las mayorías “siempre han tenido razón”. Recordemos cuando no consideraban a la mujer como un igual, ni cuando atacaban a los negros por “ser diferentes”, ni cuando metían en hornos a los judíos echándoles la culpa por haber liberado a Barrabás. Tampoco olvidemos como las mayorías eligen políticos cada cuatrenio, metiendo las patas una y otra vez con las eminencias que escogen para que los representen.

La nueva excusa para prejuiciar es que la supervivencia del ser humano depende del matrimonio, y los homosexuales con su amor, besos y “vogueos” provocan que la extinción sea inminente, pues al consumir su pasión se derretirían todos los icebergs provocando una catástrofe que Dios te salve María. No es la pobreza, o el que revienten a 1000 personas por año, la falta de buena educación, la carencia de empleos y la insuficiencia de oportunidades lo que pone en peligro la sociedad; no, son los “pervertidos” esos, que “se metieron entre ceja y ceja” amar a personas de su mismo género y tener los mismos derechos que los heterosexuales.

Según los religiosos, si cerramos los ojos, ignoramos el que los gays -y a diferencia de sus Iglesias- pagan contribuciones y lo justo sería tener los mismos derechos que los heterosexuales. En curioso que un mundo donde los heterosexuales se divorcian a la mínima provocación, los homosexuales son los únicos que quieren casarse. Es más, vamos a hablar claro: si el matrimonio fuera bueno que se acabó, Dios tendría esposa.

Somos nosotros los straights los que hemos amenazado el matrimonio, no los gays ni las lesbianas. A fin de cuentas, ¿qué es el matrimonio tradicional para ustedes? ¿Hay alguna familia en este país que no sea disfuncional? Imagino que tradicional es una esposa llamada “la virgen”, un marido lleno de dudas porque su pareja cayó preñá de la nada y tiene que mantener la criatura hasta que es un manganzón. Encima de eso, ya el hijo tiene 30 años, se pasa con 12 chamacos por el barrio y habla de cambiar lo establecido. O quizás el matrimonio tradicional es una esposa que habla con serpientes, te mete en líos con una divinidad, y pa’ chavar, los hijos tuyos se matan peleando en una discusión por ser el favorito de la familia.

O una “familia tradicional” es esa centrada en el cristianismo, con problemas de infidelidad, mismos problemas que luego los usan
para dar testimonio de que “el ser humano es débil” y darle una doble humillación a la pareja contando la historia de la pegá de cuernos frente a una multitud en la iglesia. O a lo mejor una “familia tradicional” es esa que continúa unida solo por el qué dirán los demás, aunque el afecto ya no esté presente y la infelicidad la maquillen con cosas materiales.

Yo me crié y estudié en la Iglesia Episcopal -misma Iglesia que nació de la chillería del rey Enrique VIII- y estuve rodeado siempre de “familias tradicionales”. Con el pasar del tiempo veía como los hijos de esas familias iban creciendo, se metían a las drogas, quedaban preñás antes de terminar la high school, eran “promiscuos” y se volvían unos problemáticos. De acuerdo a esa experiencia, lo lógico sería pensar que el modelo de la familia tradicional heterosexual no sirve, pero lo que un ser humano decida hacer en el camino de su vida no tiene que ver con la orientación sexual de sus padres, sino con el amor y enseñanzas que lo hayan educado.

He visto gays más comprometidos con sus mascotas que matrimonios heterosexuales con sus hijos. Mientras tanto, los orfanatos siguen llenos, curiosamente por culpa de hetersexuales que no sabían que un paquete de condones es más barato que una caja de Pampers. Niños que seguramente, y si Dios no intercede porque está ocupado haciendo tsunamis y huracanes para los herejes, crecerán sin nadie que les hable de ternura y les dé un abrazo. Y por favor no usen el argumento de “y si los niños ven a una pareja gay en la cama”, porque no hay ser humano en el mundo que desee ver a sus papás haciendo fresquerías, sea hombre y hombre o mujer y hombre. A los niños no les importa lo que sus padres hagan en la intimidad; a los chamaquitos solo les importa que les dediquen tiempo, le compren el Happy Meal y los dejen prender petardos en Navidad.

Entonces, seguimos discriminando por lo que un libro de historia malo nos dice. Y eso es los que lo han leído, porque muchos dicen estar de acuerdo con la Biblia y le han puesto el mismo interés al leerla que uno cuando mira en un contrato el “acepto los términos y condiciones”. Si se van a tomar la Biblia a pecho, por favor no escojan solo las partes que les convienen.

Ya la Iglesia entendió que ese cuco del “fin de los tiempos” no está funcionando, porque la gente ya sabe que el mundo esta cambiando desde que cortaron la cinta de inaguración en Pangea, ahora lo renuevan con “nos extingimos si dejamos a la gente vivir felices”. “No es natural” dicen, ni es natural los tintes esos que se dan las autodenominadas apóstoles, ni es natural las medicinas que usan cuando les duele la chola ni siquiera es natural la pista que usaron en la canción “Licuadora Pentecostal”. Es increíble ver como una mayoría de diferentes religiones se levantó a exigir, pero no se han sublevado cuando la Iglesia Católica permanece en silencio ante las acusaciones de pedofilia de algunos de sus líderes.

En la vida se aprende que cuando se bebe alcohol, no se guia, ni mucho menos se le escriben mensajes a la expareja. También se aprende que hay una línea bien finita entre escuchar la voz de Dios y la esquizofrenia. Así que piénselo dos veces antes de decir que divinidades hablan con ustedes, eso no es pretexto para sacar su tabús a pasear y juzgar. Encasillar los sentimientos en una sola forma “correcta” es negarle al mundo lo más que necesita: amor. Yo no creo que Jesús vuelva. Aparte del Internet, los celulares y los hologramas, las cosas no han cambiado desde la primera vez que vino. Jesús, quédate por allá. Al menos hasta que “la mayoría” entienda que José era tu padrastro.

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