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La década que no fue

30 de enero de 2013 - Opinión, Política -

“El País vuelve a cifrar sus esperanzas en uno de sus dos fósiles”

Roberto Alejandro,Profesor de Teoría Política, Universidad de Massachusetts

Hay pueblos que deberían verse en cámara lenta y sin audio. En tal estado de suspensión animada  se apreciarían las marchas que siempre tienen alguna petición ante al Estado, las eternas conferencias de prensa, la farfullería que acompaña la vacuidad de sus gobernantes, y al final, el retorno de lo mismo.

¿Qué puede decirse, en este experimento mental, de las pasadas dos décadas? La última década del pasado siglo fue la década macarenesca. El Pueblo bailó y río con su gobernante para luego descubrir que el baile de la elite celebraba un majestuoso saqueo de fondos públicos, locales y federales. Por primera vez, los federales le administraron fuete a una elite que no tiene ningún sentido de autocontrol. Y surgió un nuevo axioma: Cada vez que triunfa el sector anexionista en las elecciones, el Departamento de Justicia en Washington tiene que aumentar el presupuesto para su tribunal local y sus fiscales. Hay una correlación directa entre un triunfo del PNP y algún político de tal grupo encausado, enjuiciado, y hallado culpable por alguna fechoría.

Y el sublime Partido Popular, el partido de la deshonestidad permanente. En el ámbito del estatus, esa organización siempre ha violentado la verdad y lo ha hecho con gusto y buena conciencia.     Ese fue el partido que, en el acto más grotesco de nuestra historia, convirtió el día de la invasión en el día de la Constitución. El partido que criminalizó el uso de la bandera puertorriqueña para luego adoptar ese nacionalismo bobo de ‘Verde Luz’ y ‘chijí chijá’ a favor del nuestro en los encuentros boxísticos. Entre esos dos polos la colonia inició la primera década del nuevo siglo. Doce años más tarde, los resultados no son alentadores. Veamos.

En el año 2000, el PIP obtuvo poco más de 100 mil votos (104 mil). Cuatro elecciones después, los cuatro partidos minoritarios combinados apenas lograron 80 mil. Una reducción de sobre 20 mil votantes. Los 76 mil que han emigrado desde el 2008 pueden ser parte de la explicación. Pero el saldo es que, en toda una década, la sociedad puertorriqueña no ha tenido, y si ha tenido, no ha aunado, los recursos internos, recursos espirituales de ideas y voluntad, y materiales de acciones, para quebrantar con nuevas organizaciones las fuerzas de la charca.

Solo la ceguera negaría que, en la mayoría de los países latinoamericanos, movimientos justicieros han logrado avances significativos en las pasadas décadas y lo han hecho a través de las urnas.  También es cierto que se pecaría de superficial si las luchas sociales se limitan a sus efectos electorales. ¿Qué se logró, pues, en la esfera cívica? En esta esfera, la pasada década mostró la lucha victoriosa contra la Marina en Vieques; la resistencia contra las políticas de austeridad del gobierno del PPD y del PNP, manifestadas, principalmente, en la huelga estudiantil del 2010;  y luchas exitosas contra el gasoducto. En el ámbito electoral, el rechazo crucial a la colonia es un hito histórico, y el surgimiento de tres nuevas organizaciones es también un síntoma de resistencia.

El rechazo: La opción estadolibrista ha sido minoritaria en todas las consultas después del 1967.   Pero fue en el 2012 cuando, por primera vez, el ELA fue repudiado de manera explícita.

Lo crucial: A pesar de más de un siglo de propaganda constante no solo contra la idea sino hasta contra la entonación misma de la palabra ‘soberanía’, más de medio millón de votantes defendieron la independencia o una versión soberana del ELA. Esa fue la gran victoria del plebiscito. Que lo hayan hecho en un contexto de aguda crisis económica, cuando los instintos más primitivos buscan seguridad en la aparente solidez económica de los imperios, le da más envergadura a esa votación.

Los tres nuevos partidos desplegaron gran energía y compromiso para retar las falacias de los partidos tradicionales. No esperaron, correctamente, a tener bases organizativas sólidas para llevar su mensaje. Pero cierto sentido de proporción es indispensable. Dos de esos partidos lograron entrada en la papeleta gracias a la ‘generosidad’ del PNP en un intento por diluir el voto a favor del PPD. El oportunismo anexionista redujo a 57 mil firmas el número requerido para la inscripción. De haberse mantenido el número original de 100 mil firmas, solo el MUS hubiese logrado alcanzar tal meta.

Una paradoja: Tres nuevos partidos ampliaban la esfera del debate, pero increíblemente, evidenciaron superficialidad ante la realidad colonial. Todos boicotearon el plebiscito ya fuera porque evitan el issue del estatus o porque, en su lógica, el plebiscito era fútil por no ser vinculante para el Congreso. Las marchas tampoco vinculan a nadie y no por eso dejan de ser necesarias.  Nadie debe ignorarlo: El plebiscito fue una derrota tanto para el PPD como para los tres nuevos partidos que, con su boicot, cayeron en la órbita del principal partido colonial.

Así llegamos al 2013 con una recesión que no amaina, crímenes que no cesan, una insolvencia que no se reduce, y las perpetuas garulladas en Plaza, pero también con dos partidos dominantes cuya legitimidad no ha sufrido mellas significativas. Para la inmensa mayoría del País, fue la década que no fue. En un reto abismal al sentido común, el País vuelve a cifrar sus esperanzas en uno de sus dos fósiles. Es el comienzo de otro ciclo: El sector anexionista muestra lo que siempre ha sido y el PPD comienza con una plataforma donde los remiendos son aplaudidos y ansiados como rayos de esperanza.

Ahora podemos cancelar la suspensión animada y retornar las imágenes a su tropel y los sonidos a sus ruidos. Nos reencontramos con un país como el pez atascado en la arena: En frenético movimiento pero sin moverse de lugar.

Un país ahogado en metáforas. Metáforas: La dama que vivió por años con el cadáver de su adorable esposo, descompuesto y mantenido a fuerza de perfumes: Una vívida representación del pueblo puertorriqueño y sus adorados partidos.

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