Jueves 23.05.2013

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La Estadidad que queremos

Segunda parte de la serie ‘La Nueva Escuelita Estadista’

AP

Dedicada a mi sobrina Camila Negrón al cumplir sus 15 años.

¿Puede alguien querer o favorecer lo que no conoce? ¿Es posible aquello que dice la canción de que “[s]in saber que existías te deseaba; antes de conocerte te adiviné”? En general, ¿tiene necesariamente que preceder el conocimiento de algo a la decisión o sentimiento de quererlo o desearlo? Vamos al punto, ¿puede un puertorriqueño querer la Estadidad si no conoce qué significa?

Al plantearnos estas preguntas comprendemos que la tarea más importante que tenemos los que promovemos la Estadidad para Puerto Rico es asegurarnos que los electores conocen lo que es y lo que conlleva la Estadidad. Algunos líderes estadistas evaden esta tarea educativa porque piensan que es compleja y debe dejarse a los expertos. En realidad, explicar lo que es la Estadidad es más fácil de lo piensan. Veamos por qué.

¿Qué es la Estadidad?

El término ‘Estadidad’, en el sentido que lo usamos en Puerto Rico, es el status o la condición constitucional que comparten los 50 estados que forman la nación llamada Estados Unidos de América. El término también se usa para significar el proceso de llegar a ese status. Sencillo, ¿no?Vamos a los detalles.

América fue la primera nación que se fundó sobre un acto explícito de voluntad política de su población al redactar, aprobar y ratificar su Constitución, en vez de surgir producto de un determinismo geográfico o cultural. Desde su fundación, la Nación acoge el principio del pluralismo (E Pluribus Unum), la tolerancia a la diversidad (consignada en las libertades civiles), y el concepto de que nuevos territorios y nuevas poblaciones pueden llegar a formar parte de la Unión. Desde 1787, cuando los representantes de las 13 colonias originales crearon este concepto de federación, 37 otras unidades políticas distintas han llegado a ser parte integral de la Nación a través del proceso de Estadidad.

Mediante este proceso, se añaden a la Nación nuevos estados formados con territorios (ya sean estos contiguos a los otros o separados por tierra, como Alaska, o por el océano, como Hawaii) y con poblaciones que pueden ser de lo más diverso por lugar de procedencia u origen nacional. Inicialmente, los estados incluyeron a los ingleses y otros europeos y africanos de todas las parte de África. Posteriormente han incluido –a manera de ejemplo– franceses en Louisiana, españoles en Florida; hawaianos y japoneses en Hawaii; esquimales y rusos en Alaska; y mexicanos (en la parte del territorio original de México que se convirtió en varios estados del suroeste, desde California hasta Texas).

En suma, cada uno de los 37 miembros que llegaron a ser estados tenía poblaciones con sus peculiaridades étnicas, incluyendo idiomas distintos al inglés. A pesar de esas diferencias, cada uno llegó a participar en la federación sobre la misma base de igualdad (‘on an equal footing’) con todos los otros. Hay estados más antiguos que otros, los hay más grandes o más ricos que otros; pero no hay ningún estado mejor que otro. Todos los estados son iguales en la Unión.

Todos, además, están regidos por el mismo soberano: el Pueblo, los ciudadanos que formamos la Nación. Ese Pueblo ejerció y sigue ejerciendo su soberanía al aprobar, enmendar y sostener, explícita o implícitamente, la Constitución; y, al elegir (o aspirar a ser electo) representante, senadora, gobernadora o presidente. El Pueblo también participa constantemente a través de mecanismos de participación ciudadana directa como presentarse en vistas públicas, incoar acciones en los tribunales o servir como jurado, servidor público o soldado, por dar algunos ejemplos.

Para prevenir la tiranía en ese gobierno por consentimiento de los gobernados, ese sabio Pueblo le limita al Gobierno nacional sus poderes a los que se enumeran en ella y aquellos otros que fueran necesarios y apropiados para ejercer los primeros. El resto de los poderes se dividen entre los estados y los ciudadanos. Cada estado ejerce sus poderes igualmente limitados a tenor con una Constitución estatal aprobada por sus ciudadanos. En ella pueden darse mayores derechos a los ciudadanos de los que le da la Constitución federal (pero no pueden limitar los que da esta). Crean igualmente un Gobierno estatal que tiene que ser de tipo republicano, es decir, con separación de los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, con elección democrática de los legisladores y el gobernador. Los ciudadanos de todos los estados, independientemente de su origen, son iguales ante las constituciones y las leyes de la Nación y las de cada uno de los estados. Gozan, además, de completa libertad de movimiento, comercio, industria y empleo en todos los estados. Millones de puertorriqueños nacidos aquí disfrutan de esas libertades en los estados.

Cada estado tiene derecho a elegir dos senadores y un número de representantes proporcional al tamaño de su población. Para la elección del presidente cada estado elige un número de electores igual a la suma de sus senadores y representantes para formar parte del llamado Colegio Electoral.

Cuando Puerto Rico sea estado, cada cuatro años tendremos dos senadores y alrededor de cinco representantes en el Congreso y siete votos al Colegio Electoral. Por otro lado, cada persona será responsable por la misma carga contributiva federal que tienen las personas de otros estados en virtud del principio de uniformidad. Por ese mismo principio tendremos derecho a un aumento en transferencias de fondos y otros beneficios provenientes del Gobierno federal, que opacarán por mucho la nueva carga contributiva.

Eso, en esencia, es el arreglo constitucional que conlleva la Estadidad para todos los estados. Más allá de lo jurídico-político hay muchos otros detalles que detallaré en próximas columnas. Al leer lo anterior ustedes habrán sentido que ya sabían todo eso. No se frustre. Ese es mi punto. Quería demostrarles que ustedes, que ya saben lo que es la Estadidad, ya la han vivido en Puerto Rico, parcialmente, y en los estados de manera completa, y que la pueden explicar y defender. Convenza con sencillez y respeto a sus familiares y vecinos. Dígales que “la Estadidad es sencillamente el destino al que nos dirigimos por la ruta en que ya transitamos”. A ellos también les será fácil comprender, si tienen buena voluntad, porque ellos también ya han vivido el comienzo de la Estadidad.

No podemos desviarnos de esa ruta. Los cambios que conllevarían la Independencia o la Libre Asociación Soberana nos descarrilarían causando gran convulsión y desasosiego en nuestro ordenamiento constitucional-legal, algo que impactaría muy negativamente nuestro nivel y estilo de vida. Reforzar y mejorar el Puerto Rico que ya tenemos con nuevos poderes y mayores oportunidades de desarrollo y bienestar; esa es la Estadidad que deseamos.

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