Lunes 20.05.2013

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Navidad de cierre político

“El espíritu navideño se reviste de un velo muy fino de bondad, amor y solidaridad con el prójimo para renovar nuestros votos con el renacer de la esperanza en nuestro ser”

EL VOCERO / Archivo

La época navideña se engalana con la renovación de una ilusión de paz y la ensoñación de un mejor porvenir hermanados(as) en el deseo de seguir la estela de una luz.  Quisiera escribir contagiada de esperanza.  Pero no me nace.  El  cierre de un año y un cuatrienio,  nos invita a revisar las huellas que con el carimbo político han sido quemadas en el alma de un Pueblo.  La imagen desgarradora del llanto de un hijo de escasos meses de vida,  ahogado hasta su muerte por la insensibilidad de sus cuidadores, es una metáfora que epitomiza el cuatrienio que cierra.  El llanto y desespero de un Pueblo de igual forma fue ahogado por la bota represiva de un gobierno insensible que a diario pateaba a los sectores que levantaron su voz de resistencia.  Saquearon y abusaron no solo de las arcas públicas, sino de la autoridad que no se les legítimo.   Un cuatrienio que empezó en el 2009 con el sentido de un Pueblo liberado del yugo del gobierno  decadente previo del PPD de ropajes italianísimos Brioni arrastrado por la picota pública con la acusación criminal de su gobernante por parte de las autoridades Federales, culminó con el mismo desasosiego y desesperanza que el anterior.  En su arrogancia el PNP pensó que nos neutralizaron en un congelador, pero su termómetro no supo medir la temperatura del agua hirviente que en silencio estaba en ebullición desde abajo.  Un país desgarrado por la insensibilidad de quienes no supieron aquilatar el copo electoral por cerca de 225,000 votos; cerró la brecha y la  superó para  retornar al PPD que había sido derrotado estrepitosamente por abusivo en el 2008.

La rebelión de las voces que clamamos por justicia no han sido escuchadas por ninguna de dichas colectividades que se turnan el poder colonial. La única herramienta que nos queda cuatrienio tras cuatrienio es arrancarlos del poder por su abuso. Las urnas raquíticas de dudosa pulcritud de una democracia precaria que apenas reconoce el valor del derecho a la libertad de expresión es nuestra única opción pacífica. Un atisbo de una supuesta democracia al servicio de una partidocracia que conjura en cónclaves a espaldas del Pueblo cómo rascarse las espaldas unos a los otros, para jugar el mismo juego de vanidad electorera, enardece con campañas huecas para treparse en el poder con actitudes de oligarcas criollos narcisistas.  El canto de sirena solo acaricia a quienes los idolatran a ciegas.  Quienes hemos sobrevividos demasiadas penurias,  y el azote del abuso, no nos llega ni una nota musical.

El espíritu navideño se reviste de un velo muy fino de bondad, amor y solidaridad con el prójimo para renovar nuestros votos con el renacer de la esperanza en nuestro ser.  Cada quien deberá hincar un pozo en el misterio de la vida para que el agua cristalina de la esperanza nos limpie del rencor hacia el adversario político.   Un Pueblo dolido desgarrado por la insensibilidad a penas puede empezar a sanar sus cicatrices para mirar con ilusión el  cuatrienio venidero que ya augura tiempos difíciles.   El cierre de este cuatrienio, al igual que el cierre de este año, está cargado por un fango odioso que como corriente subterránea aturde el alma del Pueblo.  La hipocresía y los gritos de guerra estridentes siguen rasgando la piel curtida de un Pueblo agnóstico ante el abuso revestido de encajes de falsa pureza.

El espejismo de un país solidario se esfumó con el purgante de emergencia de los despidos masivo en el gobierno.  Las puertas del Palacio de Santa Catalina y la Casa del Pueblo se nos tiraron en la cara y se le dio la espalda al Pueblo.  Un puñado de escogidos fueron bendecidos con el tubo verde del billetazo, mientras al resto se nos empujó por el precipicio de un abismo dónde hace rato se expiró la esperanza.   En lugar de buscar ecuanimidad en las tres ramas del poder político, arrasaron sin mesura ni prudencia para devorarlas en una vendetta que se fue horneando lentamente en los 60 años de estar en la rueda de abajo para jactarse del “banquete total” del poder servido. Desmantelar la colonia los llevó a ampliar el Tribunal Supremo, mientras el resto del gobierno se achicaba. Implosionar instituciones como el Colegio de Abogados y el Ateneo de Puerto Rico como fortalezas contra la asimilación al Norte fue su tarjeta.  Recientemente se han apuntado los cañones de la polarización política en la trinchera del emporio periodístico  que a través de los años se posicionó como la fuente de información que se amplia y reproduce por la radio y televisión.

Un discurso de odio tomó el lugar de la solidaridad y la fe en el prójimo.  Mientras se saqueaban las arcas públicas, la demonización del adversario que exigía explicaciones,  fue pateada ante la ignominia del prójimo.  En su afán del ejercicio del poder sin límites,  apostaron sin medir sus consecuencias, celebrar cuatro eventos electorales en un año que como bumerang les costó su propia  ejecución en el paredón político. En lugar de celebrar la democracia, los perdedores no han sabido recoger vela, aceptar con hidalguía la derrota y entrar en una auto-evaluación.  Por el contrario, continúa la mofa, la ridiculización de su opositor revolcando la prepotencia que los llevó a su propio destierro político.  La mordaza que tanto critican, la reproducen  y la perpetúan acallando voces críticas.

Así no se hace patria. El caos en la polarización, no es la forma de jamaquear la conciencia colectiva hacia la descolonización.  Los puentes de diálogo hay que tenderlos, para levantarnos como Pueblo de las cenizas.  Rasguemos las profundidades de nuestra humanidad para encontrar las fortalezas como arquitectos de nuestro futuro, demoliendo y pulverizando aquello que nos retrasa, para rediseñar una ruta que nos abra el camino a la esperanza.  ¡Debemos atrapar la luz, cuando el alma se nos quiere apagar!

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