Lunes 20.05.2013

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No teme destruir imagen de los jueces

Fue muy franca en su biografía para que otros puedan verse reflejados y salir adelante

Sonia Sotomayor presentará su libro en Puerto Rico a principios de abril. Suministrada

Washington DC-Alejarse de la imagen distante y reservada que se tiene tradicionalmente de los jueces no fue un temor real para la primera jueza hispana del Tribunal Supremo federal, Sonia Sotomayor, cuando escribió su libro Mi mundo adorado, que se presentará en Puerto Rico a principios de abril.

Por el contrario, esta mujer quien nació y se crió en el Bronx y se identifica a sí misma como puertorriqueña, desparramó su vida y la de sus parientes cercanos en una edición de 339 páginas.

Al conocerla en su oficina del Tribunal Supremo entre estantes y estantes de libros, un ancho escritorio y hasta las marionetas de Plaza Sésamo, se presenta con el carisma de una mujer muy cercana como una tía, una prima, una hermana; con una sonrisa y a punto de casi cerrar los ojos, cuando suelta una espontánea carcajada.

Si no fuera por el ambiente de su oficina y la seriedad y firmeza de sus palabras cuando habla de algún tema de su profesión, su conversación fluiría casi desapercibida de que es en realidad una de las personas de mayor preponderancia en la historia de Puerto Rico, con el poder que emana de sus decisiones en alto foro judicial.

“Es justo lo que dice, que la gente cree que los jueces son reservados, que son en una manera diferente del resto, en parte creo que el no hablar uno de sus opiniones personales, los jueces se han distanciado de la vida, de la situación común. Pero, la verdad es que todos los jueces somos seres humanos, la verdad es que todos los jueces tenemos amistades, todos tenemos familias que nos conocen. Tenemos fuerzas y limitaciones grandes porque somos seres humanos. Para mí, yo no le tenía miedo a destruir la imagen de la gente porque yo creo que hay más fuerza en la realidad, más fuerza de convencer de las posibilidades de vida”, explicó la abogada en una entrevista con EL VOCERO.

Dijo que esa fue una de las intenciones del texto—recién publicado en enero en dos ediciones simultáneas en español e inglés—que los niños conocieran su vida para que si un día se miran al espejo y deciden emularla, tengan la certeza de que será más viable lograrlo que la silla presidencial de Estados Unidos porque pueden sentirse de una manera más cercana a ella.

Es que su libro narra la vida de una mujer que tuvo que superar muchas dificultades, desde la diabetes en la niñez, el alcoholismo de su padre, las largas horas de trabajo de su madre, hasta la barrera idiomática, la pobreza, las inseguridades propias de sentirse en minoría, los prejuicios, la muerte de familiares y un divorcio; todo ello de forma paralela a la obtención de una carrera y abrirse camino hasta lograr la meta que se trazó desde su niñez: ser jueza.

“No, no lo he sentido todavía”, expresó sin aspavientos y volvió a reír con ganas, tras la pregunta de si su exposición mediática y la franqueza con la que cuenta su historia, ha traído algún resquemor entre sus colegas jueces o en la opinión pública.

Otro de los motivos para la publicación de sus memorias era poder narrar su historia de una forma realista dejando al descubierto su aspecto más humano para que cada ser humano que lo lea pueda reflejarse, identificar experiencias y sentimientos comunes. La intención parece haber comenzado a dar resultados en virtud de las cartas que ha recibido de personas de todas partes que le cuentan vivencias similares, sin importar su nacionalidad o aspectos culturales. Ello a pesar de que a los puertorriqueños de aquí y de allá, el paisaje que retrata le pueda parecer más cercano, y por los personajes reales de una historia común a tantas familias boricuas.

La narrativa sencilla y fluida que se logró en la edición en español, los puertorriqueñismos que sobresalen entre las pocas palabras en inglés del texto algunos, son elementos que ayudan a una mayor identificación con la historia real que presenta la jueza.

Según Sotomayor, fue precisamente lograr un entendimiento entre los puertorriqueños del ‘mainland’ y los de la isla fue otra de los propósitos al sentarse a escribir.

“Su pregunta es una reflexión de lo que yo pensé en escribir el libro, que había dos partes que no se entendían mucho uno del otro, que el puertorriqueño entendía bien poquito de la vida de un puertorriqueño aquí en Nueva York, en el mainland, y que los que vivían acá entendían bien poquito de ser puertorriqueña. So, parte del libro era explicarle a los dos, porque yo soy la mezcla de los dos, la mezcla perfecta”, resaltó.

Reiteró en la entrevista un punto que se recoge en su libro, sobre cómo muchas veces pensó que a muchos puertorriqueños en la isla les iba mejor que a los de Nueva York. Recordó que los puertorriqueños son quienes tienen los más altos y los más bajos puestos en la isla, pero que en Estados Unidos son pocos los hispanos que llegaban a altos puestos.

“Pero, aquí en Washington, en Nueva York, en otros estados de Estados Unidos, la cosa es diferente, no somos gobernadores, somos pocos que estamos en el Congreso, y no había otro puertorriqueño o latino en la Corte Suprema. Llegar a ser el primero de cualquier cosa, tiene una importancia”, sostuvo.

Reconoció que quizás hay puertorriqueños—que por ese mismo factor—no han podido aquilatar la trascendencia de que ella lograra su máxima aspiración profesional en el Supremo.

Es muy consciente de que a la mayoría de los puertorriqueños su designación y confirmación les tomó por sorpresa y de ahí, la necesidad de escribir un libro que permitiera que a través de conocerla a ella se conociera un poco más de la vida del puertorriqueño fuera de la isla.

“Para mí, ese querer no es solamente en Estados Unidos, pero llegar aquí es una cosa grande porque todavía es uno de los países más grandes del mundo. Pero, podemos hacer lo que queramos hacer en todas partes del mundo, si soñamos grande, llegamos grande”, aseveró.

A la pregunta de cómo ha sido la experiencia que ha vivido por los pasados tres años y medio desde que el presidente Barak Obama la designó y logró su confirmación en el Senado, la hija de una sangermeña, expresó “yo asumí la mayor responsabilidad que cualquier juez puede ostentar en la carrera de derecho. Lo que hacemos en la Corte afecta cada sector, no solamente de Estados Unidos y la sociedad americana, sino al mundo. Lo que decimos, cómo lo decimos, como examinamos las controversias legales, los casos que se aceptan o rechazan, afecta a todo el mundo. Para alguien que ama el derecho de la forma que yo lo hago, este es el trabajo más importante que pudiera alcanzar con la conciencia de que hay que tener un enorme grado de responsabilidad y de obligaciones, obligaciones de hacer lo mejor que podamos, por ayudar la gente, no solamente a los latinos, sino la gente en general, de explicar lo que hacemos y hacerlo con un cuidado bien profundo y con la sensibilidad y el entendimiento cuan importantes son nuestras decisiones para la gente”.

Esa es su respuesta más directa, porque a cualquier provocación habla de sus vínculos puertorriqueños, de las dos visitas que ha hecho a Puerto Rico desde que se instauró en el cargo y de las llaves de la ciudad de Mayaguez que le fueron conferidas y que guarda como un tesoro al descubierto en su oficina.
Sin embargo, no siente que deba hacer su trabajo pensando en sus orígenes y deba esforzarse más porque es la primera hispana y representa a Puerto Rico de una manera u otra cuando hablan de la jueza puertorriqueña. “El palpitar no es porque representes a nadie, es porque sabes la responsabilidad que tienes y la necesidad de trascenderte a ti misma, es bien difícil”.

Lograr que cada día tenga un significado y que pueda servir a la gente, ayudar con los problemas, es lo que la motiva cada día desde que decidió ser abogada tras estudiar en un colegio católico y las universidades de Princeton y Yale.

Pero, fueron su madre, su abuela y su familia las que le impartieron ese sentido de la importancia de darse a la gente, a la comunidad.

Como togada, los canones éticos le impiden hablar de controversias que puedan ventilarse o tengan el potencial de llegar hasta el Tribunal Supremo. No obstante, sí dejó claro que no va a inhibirse de una decisión que tenga que ver con el futuro de Puerto Rico por el simple hecho de ser jueza puertorriqueña.

“Es siempre imposible dar una respuesta a esa pregunta porque no sé la situación del caso ni los datos del caso. Si el caso lo argumenta una amistad mía, puede ser que yo me quité del caso, pero eso es no porque soy puertorriqueña, pero es porque tengo una relación que puede traer preguntas de mi imparcialidad, es una cosa diferente. Todos los jueces tienen opiniones privadas sobretodo en la vida, somos seres humanos. Tener una opinión personal, no tiene nada que ver sobre qué vamos a hacer con los temas legales que llegan, a decirme porque conozco a Puerto Rico, no puedo escuchar un caso, no creo que esa es la pregunta. La pregunta para mi puedo quitar mi opinión personal de la contesta que voy a dar sobre este tema legal pero esa pregunta me la hago yo en todos los casos y en muchos me toca a mí el tema como le toca a todos Estados Unidos también, todos los jueces, todas las preguntas que estamos dando respuesta, nos tocan a nosotros también subrayó la jueza 111 del Tribunal Supremo, un número que le recuerda a la abuela fallecida porque está muy segura de que ella lo jugaría en la lotería.

Amable, pero totalmente esquiva fue su reacción a la primera y última pregunta de la entrevista de corte político. Es que en una parte de su vida en la Universidad de Yale presentó un ensayo para la importante revista jurídica, en su deliberación del tema llegó a preguntarse sin encontrar respuesta si los puertorriqueños que viven en Estados Unidos podrían perder su ciudadanía si Puerto Rico se declara independiente y regresan a la isla. “No”, soltó de inmediato al intentar conocer si ya encontró una respuesta, o al menos, no puede divulgarla.

También negativa, fue la contestación a la posibilidad de un segundo libro que aborde la etapa desde que fue fungió como jueza del Distrito federal de Nueva York en 1992, el Tribunal de Apelaciones hasta su proceso para llegar al Supremo el 8 de agosto de 2009.

Al final, firmó el libro agradecida de que fuera en la versión en español, y en su conversación bilingüe habló con ilusión de la pronta visita a su isla.

Sotomayor regresa a Puerto Rico

En la primera semana de abril, la jueza Sotomayor participará de una actividad en la Universidad Interamericana de San Germán. En otro evento, también en San German, acudirá a un homenaje a su madre, Celina, auspiciado por la Legión estadounidense, en reconocimiento por la ejemplar labor rendida como enfermera del Cuerpo Femenino del Ejército Estadounidense (WAC, por sus siglas en inglés) y que representó la experiencia que le llevó a Nueva York donde formó su familia. También, estará en un acto auspiciado por el Instituto de Cultura en el Centro de Bellas Artes para estudiantes de escuelas públicas y privadas.

NOTA DE LA EDITORA:
Para conocer más sobre la vida de Sotomayor puede escuchar también la entrevista que hizo la periodista Carmen Jovet que se transmite hoy domingo por Notiuno.

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