35 años de historia

El ‘Dream Team’ boricua capturó el título de la Serie del Caribe y en el proceso, el corazón y la imaginación de todo un Pueblo. Crédito: EL VOCERO / Archivo / Willín Rodríguez

1995: año de ‘ensueño’ en el deporte

Por Mario Santana Ortiz
EL VOCERO
22 de abril de 2009 04:00 am

Si alguna vez Puerto Rico tuvo un verdadero ‘Dream Team’, fue ése.

Era el año 1995, mes de febrero para ser más específico, y el estadio Hiram Bithorn de San Juan era la sede de la vigésima quinta Serie del Caribe.

La novena de los Senadores de San Juan acababa de proclamarse campeón del béisbol invernal. Para representar a Puerto Rico, los Senadores armaron un equipo como no se ha vuelto a repetir, sobre todo en su poder de bateo.

En primera base estaba Carmelo Martínez, en segunda base Roberto Alomar, en el siore Rey Sánchez y en tercera Carlos Baerga. Un jovencito de nombre Carlos Delgado estaba en la receptoría. Compartían los jardines el veterano Rubén ‘El Indio’ Sierra y unos jóvenes Juan ‘Igor’ González y Bernie Williams. Edgar Martínez fungía como bateador designado mientras, Luis Meléndez era el dirigente.

Los bates puertorriqueños se hicieron sentir desde el primer juego. Terminaron invictos. Los Azucareros del Este, representante ese año de la República Dominicana, a pesar de contar con figuras de la talla de José Rijo, Pedro Martínez, Pedro Astacio y Raúl Mondesí, cayeron 16-0 en el primer encuentro con los boricuas y, en la final, 9-3.

‘Puerto Rico campeón’ era el titular de la historia que publicó EL VOCERO, escrita por Norman H. Dávila, el viernes, 10 de febrero de 1995, en la informaba del gran triunfo de los Senadores en la final de la Serie. Al día siguiente, el titular de la historia que repasaba la gran gesta de la novena boricua, llevaba por título ‘Nuestro equipo de ensueño’.

En esa serie, Alomar, en pleno apogeo de su carrera de Grandes Ligas, fue campeón de bateo, con un impresionante promedio de .560, y también de carreras impulsadas, con 10. Bernie Williams fue campeón de jonrones, con tres, dos de ellos en la final ante República Dominicana.

La ‘Tito Manía’

En esa década del 90, Félix ‘Tito’ Trinidad comenzó su carrera profesional. En el 1993, con apenas 20 años, consiguió su primer título mundial, al derrotar por nocaut a Maurice Blocker. Un año después venció por decisión unánime a Héctor ‘El Macho’ Camacho.

Ese año enfrentó una de sus peleas más peligrosas, ante el también invicto Ramón ‘Yori Boy’ Campas, a quien venció por nocaut técnico. En el 1999 obtuvo una importante victoria, vía decisión unánime, ante Pernell Whitaker y ese mismo año una decisión dividida ante el entonces invicto Oscar de la Hoya.

Terminó la década del 90 con 36 victorias sin derrotas. En la siguiente década volvería al ring en nueve ocasiones, perdiendo en tres de ellas.

A pesar de estos resonantes triunfos, la década del 90 comenzó con una noticia en extremo triste, una en la que un joven de 22 años y puertorriqueño, se le truncaban sus sueños. Ramón Ramos fue una de las mayores promesas del baloncesto puertorriqueño.

Jugó varios años con los Indios de Canóvanas, del Baloncesto Superior Nacional. Gracias a las gestiones de su mentor, Paquito Rodríguez, fue reclutado por la Universidad de Seton Hall, Nueva Jersey, donde hizo una brillante carrera. En su último año en la universidad, con un promedio de 11.9 puntos y 7 rebotes por juego, ayudó a los Piratas de Seton Hall a llegar a la final de la NCAA.

En 1989, los Trail Blazers de Portland lo ficharon como agente libre. Entonces llegó el 16 de diciembre y el accidente automovilístico que lo mantuvo en coma durante dos meses, del que salió con una muy menguada capacidad cognitiva y motora. Gracias al tesón de sus padres, recuperó algunas de sus facultades.

El 24 de enero de 1990, EL VOCERO publicó una historia, de la pluma de Rey Colón, en la que el padre de Ramón, del mismo nombre, anticipaba que su hijo pronto sería dado de alta del hospital para comenzar una fase de tratamientos en un centro de rehabilitación. ‘Darán de alta a Ramón Ramos’, era el titular de la historia.

En ella, don Ramón Ramos, padre, hablaba entusiasmado de los progresos de su hijo, que había movido las manos y piernas y había comido ocho cucharadas de mantecado. En el 2006, Ramón fue exaltado al salón de la fama de Seton Hall.

Comentarios

Reglas del Foro: Para poder comentar usted debe registrarse con su nombre verdadero e indicar un e-mail de contacto. Queda prohibido cualquier insulto o agravio, amenazas de cualquier índole o insinuaciones hacia o contra cualquier persona. No se permite lenguaje libeloso, difamatorio, ilegal, obsceno u ofensivo, faltas de respeto y el uso de sobrenombres de mal gusto o mensajes que violen los derechos de intimidad de terceras personas. El Vocero se reserva el derecho a decidir que mensajes incumplen estas normas, terminos de uso, a eliminarlos sin previo aviso y a expulsar a un Usuario que, a su sólo juicio, incumpla las mismas. Usted es el único responsable por el contenido que usted aporte.

Para comentar ingrese ahora su email y contraseña:

 

¿No estás registrado? Regístrate aquí


RSS de Insólitas
Recibe gratis y en tiempo real todas las noticias de Insólitas publicadas en el Vocero.