35 años de historia

Fin de semana inolvidable del 2001


28 de abril de 2009 04:00 am

Aquel fin de semana de mayo pareció como si no hubiesen sueños imposibles para los puertorriqueños.

Dos jóvenes encarnaron esos sueños, ese optimismo, esas esperanzas: Félix “Tito” Trinidad y Denise Quiñones.

Denise tenía 20 años.  En la noche del viernes 11 de mayo se convirtió en la cuarta Miss Universo puertorriqueña. Lo hizo en un concurso celebrado, por primera vez en 19 años, en su país.

Se impuso a otras 76 chicas. Ganó con fuerza arrasadora, llevándose, también, las competencias de traje de baño, de vestido de noche, del cabello más hermoso y de la más fotogénica.

‘Reina del universo, ¡Denise!’ leía la primera plana de EL VOCERO.

La noche siguiente, la del sábado 12, Tito Trinidad venció al campeón peso mediano de la Asociación Mundial de Boxeo, William Joppy. Nocaut técnico en el quinto asalto.

Tito tenía 28 años. Ya había sido campeón mundial en las divisiones Welter y Superwelter.

Era su 40 victoria. Treinta y tres habían sido por la vía rápida y aún no conocía la derrota.

No lo sabía, pero había llegado a la cúspide de su carrera.

Durante dos noches seguidas, cientos, quizás miles, de puertorriqueños salieron a las calles, muchos con la Monoestrellada en mano, para celebrar. Congestionaron el tránsito, gritaron, tocaron bocinas, se salieron por las ventanas, bailaron, cantaron y fueron felices.

Hay una foto famosa en la que Denise lleva en la cintura la faja de campeón mundial recién conquistada por Tito Trinidad mientras que con la mano derecha le ciñe su corona de Miss Universo al boxeador y en la izquierda la blande un puño, como si le fuese a conectar un gancho.

Ambos sonríen y los ojos les brillan.

Era el domingo 13 y Denise también fue al aeropuerto a recibir a Tito, para “celebrar en grande”, como él había pedido.

Pero dicen que lo bueno dura poco. Aquel año fue el 2001. El año del 11 de septiembre. Con las dos torres del World Trade Center y del pedazo de Pentágono, se cayeron los sueños de una larga época de paz y prosperidad. Empezaba la guerra contra el terror.

Ocho días después, el 29 de septiembre, Tito perdió por primera vez. Perdió la pelea que había creado más expectativas. Su rival, Bernard Hopkins, había lanzado al suelo la bandera puertorriqueña y muchos deseaban vindicar la afrenta a través de los puños de Tito.

Esa noche cayó al ring una toalla, la del padre, que se había dado cuenta que era innecesario que el hijo recibiera más puños, que ya la suerte estaba echada.

Para entonces parecía lejano aquel gran fin de semana de mayo en que los sueños colectivos de un pueblo parecieron tan alcanzables.

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