

El día de las Máscaras, que se celebra el 28 de diciembre todos los años de manera interrumpida, es una de las actividades tradicionales más emotivas de la Isla.
Su colorido y festividad hacen del acto, si no el primero, uno de ellos como colaboración cumbre en la cultura de Puerto Rico. Esta es una costumbre que ha variado sólo en vestimenta, pero sigue su esencia desde que la misma se impuso en Hatillo a raíz de la fundación en 1823.
Llegó como consecuencia de colonizadoras, ya que la tradición es de base canaria. O sea, que los españoles procedentes de las Islas Canarias, que se posesionaron de las tierras vecinas, les legaron a posteriores generaciones sus pertenencias culturales traídas de sus tierras, las mismas que hoy tenemos y que nos honramos en conservar orgullosamente.
Las máscaras es la representación heroica de cuando los malvados soldados perseguían a los niños por órdenes del funesto rey, y su obsesión por acabar con todos los infantes para de esa manera librarse de que una nueva criatura gobernara en su tierra y en todo el planeta.
Es por eso que en vez del 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes, los niños de Hatillo lo hacen el 27 de diciembre. De esa manera se simula la persecución, saliendo los niños un día antes y las máscaras posteriormente.
