Niños

Qué hacer cuando sospechamos de abuso sexual en nuestros niños/as

Por Dr. Rivera Santos
14 de septiembre de 2009 10:00 am

En las pasadas semanas se han discutido en los medios diversos casos de abuso sexual, uno de los más notorios es el de la mujer cuyo agresor la secuestró por 18 años. Quizás por la cotidianeidad con que un profesional como yo está expuesto a estas situaciones no me había dado a la tarea de escribir esta columna. Sin embargo, recientemente me llegó el caso de una niña que necesita psicoterapia para recuperarse de la experiencia de ser abusada sexualmente por un oficial del orden público.

La niña, que es muy inteligente y con un carácter muy determinado, un día narró a su ángel protector los horribles eventos que vivió, que van desde haber sostenido sexo oral, intentos de penetración, besuqueos, juegos sexuales y amenazas con el arma de reglamento del oficial. Luego de esa narración, la niña le preguntó a su ángel: ¿tú me vas a ayudar a olvidar?, ¿yo puedo olvidar lo que pasó? Al ángel se le hizo un nudo en la garganta y mirándole a los ojos, sacó fuerzas para no mentir y decirle: lo que te pasó no es tu culpa y es algo que quizás nuca vayas a olvidar. Éste aprovechó que la niña tenía una cicatriz en su cuerpo y le dijo: te acuerdas de este golpe, a lo que ella contestó: sí, me dolió mucho. Su ángel protector le dijo que al igual que ese golpe le había dolido y no lo había olvidado, lo que le pasó dolía y no lo iba a olvidar, pero podía sanar y tener tan solo la cicatriz de ese evento horrible. El ángel la abrazó y le prometió conseguirle ayuda para sanar. Luego de muchas intervenciones de distintas agencias y del evaluador de abuso sexual que vio este caso, esta persona tan fuerte y tan sabia llegó hasta mi oficina con la niña buscando ayuda.
 
El caso de esta niña es sumamente dramático por el contenido de lo sucedido y por ser una persona tan pequeña y vulnerable. 
 
Definitivamente, por más adiestrados que estemos,  los psicólogos nos estremecemos con estas situaciones. Me tomó unos días poder escribir esta nota, pero sentí que a pesar de que estoy haciendo lo indecible para que esta menor sane y se recupere, les debía a todos los padres, madres y cuidadores de menores del País, las recomendaciones que entiendo pueden ayudar en una experiencia tan traumática como ésta.
 
Espero que puedan prevenir el abuso sexual de sus niños/as, pero si llegará a suceder, pueden tener estas sugerencias para manejar la situación. Las recomendaciones son de manejo cuando ya se sospecha o se comprueba que hubo abuso sexual, no para prevención, pues ese será un tema que les debo en una próxima columna.
 
Escuche atentamente y trate de mantener la calma sin evidenciarle al niño/a con su rostro y acciones que está pasando algo terrible.
 
No realice muchas preguntas, deje que el/la menor sea quien exprese lo que le ha sucedido.
 
Las preguntas que haga deben ser abiertas, no deben ser para obtener por respuesta un sí o un no. (Ejemplos: ¿dónde sucedió? ¿Cuándo sucedió? ¿Con quién estabas? ¿Qué cosas pasaron? Cuéntame cómo empezó a suceder).
 
Cuando los/las menores son muy pequeños se debe tomar en consideración que quizás no puedan expresar bien lo sucedido, por lo cual es recomendable hablarlo a través del juego.
 
Inmediatamente evite que él o la niño/a tenga contacto con el posible agresor/a.  Si es un familiar cercano o  cuidador, evite que se pueda relacionar con él o la menor, con usted y otros miembros de la familia.
 
Si él o la  posible agresor/a es el padre o madre y se encuentran separados, debe  solicitar mediante su abogado/a que se suspendan las relaciones paternofiliales mientras se realiza la evaluación de abuso sexual y se emite un informe.
 
Si los hechos no son claros o no son precisos, no deje esta preocupación a un lado, llame al pediatra para un chequeo y consulte el caso con el Departamento de la Familia y la División de Delitos Sexuales de la Policía.
 
No creerle al menor puede ser una de las situaciones que perpetúe el abuso y que él o la menor se retracte o no cuente lo sucedido.
Realice un análisis de posibles cambios en la conducta del menor (irritabilidad, retraimiento, aislamiento, peleas), pobre desempeño escolar, cambios en el patrón de sueño (pesadillas, insomnio) o apetito. Apunte todos los cambios que haya percibido y desde cuando se están dando.
 
Una vez tenga información concreta sobre las cosas que le sucedieron al menor y quién es él o la posible agresor/a, llame al pediatra del o la menor para una cita inmediatamente.
 
Asegúrese de que se le realice un chequeo médico al menor incluyendo pruebas de laboratorio relacionadas a enfermedades de transmisión sexual y embarazo en el caso de las jovencitas.
 
No comente lo sucedido ni los hechos con nadie que no sea los profesionales y oficiales que le asistirán en esta situación y los cuidadores, maestros o familiares que no sean él o la agresor/a.
 
Debe realizar una querella en el Departamento de la Familia a través de la unidad de Emergencias Sociales.
 
Acuda a la División de Delitos Sexuales de la Policía que esté más próxima a su vivienda.
 
No lleve al menor a recibir servicios psicológicos para sanar la experiencia, pues antes, un especialista en psicología o trabajo social deberá evaluar el caso y emitir un informe de confirmación o no confirmación de los hechos.
 
El que muchas personas pregunten o den servicios relacionados al caso antes de la evaluación puede provocar que se contamine el caso y luego no se pueda evaluar o validar el abuso, lo cual complica procesar al agresor/a.
 
Una vez se haya confirmado o validado el abuso, asegúrese de que se le provea asistencia psicológica al/a la menor para trabajar las consecuencias de esta experiencia, prevenir otras similares y prepararlo/a para el pleito legal.
 
Obtenga asesoría legal sobre su situación y qué pasos tiene que seguir.
 
No se culpe por no haberlo podido evitarlo, pues ya sucedió y lo importante es buscar la ayuda y servicios necesarios para manejar el proceso y procurar que no vuelva a suceder.
 
Para lidiar con toda esta situación dolorosa es recomendable que busque asistencia psicológica para usted y otros miembros de su familia que estén afectados.
 
Contactos de Ayuda:
  • Línea de Orientación y Apoyo Familiar-Departamento de la Familia (DF)- (787) 977-8022 y 1-888-359-7777
  • Emergencias Sociales-DF: (787) 743-1333, (787) 794-5750, 1-800-981-8333 
  • Línea de Maltrato-DF: 1-800-981-8323
  • Línea PAS (Programa Asistencia Social - ASSMCA):1-800-981-0023
  • Centro Ayuda a Víctimas de Violación:(787) 765-2285/ 1-800-981-5721
  • Grupo Especializado en Servicios Psicológicos (GESP)- (787)-200-6066 y (939) 628-9484 Dr. Santiago Rivera Santos/Psicólogo clínico.                                 

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