
Casi exactamente un año después de la inauguración dolosa de la Sala Sinfónica Pablo Casals el pasado 13 de octubre se llevó a cabo una segunda el sábado, 3 de octubre de 2009.
Pudorosamente conscientes del fraude que significó aquella, se prefirió llamar al acto uno de consagración. Cuestión de semántica para retocar la realidad de un país dividido irremediablemente e incapaz de superar el pernicioso tribalismo en aras de un proyecto nacional de futuro. La esperanza nunca muere.
La entrega oficial de su nueva casa a la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico puede convertirse en piedra angular de un revitalizado proyecto educativo y cultural que palie la corrosión espiritual que nos aqueja.
Las protestas en reacción a los despidos masivos, que acompañaron el acto, no calibraron su significado. Necesitamos urgentemente los espacios de serenidad que nos provee la contemplación estética. Llegar ávidos de celebrar con los músicos de la Sinfónica este evento histórico, de degustar un concierto que nos devuelva algo de la paz tan asediada, y tener que enfrentarse a una protesta desenfocada, estridente, rezumando violencia y agresividad mal disfrazadas de derecho a la expresión, le quita fuerza al reclamo, con todo lo justo que pueda ser. Añádase a esto la fuerte presencia policiaca y de los efectivos de la fuerza de choque para cuestionarse si este fue el mejor ambiente para el homenaje que le rinde el País a una orquesta que ha escalado un primer tope de excelencia. Añádase más allá el espectáculo indigno de una fachada completa del Centro de Bellas Artes mancillado con la proyección de anuncios luminosos de compañías comerciales. Fue vergonzoso ver el soberbio mural de Augusto Marín que adorna esta fachada degradado a mera pantalla de proyección. Fue indignante la reducción del ser humano a mero consumidor que este acto implicaba, en un recinto que celebra lo mejor del ser humano, su capacidad creativa. Fue doloroso ver a los directivos del Centro de Bellas Artes vender el patrimonio nacional por treinta monedas de plata y prostituyéndose de esta manera para balancear las arcas.
Nada nos libró de los discursos insulsos del Director de la Administración para el Fomento de la Infraestructura y de la Directora Ejecutiva de la Corporación de las Artes Musicales. Algún día aprenderemos que en una sala sinfónica sólo la música tiene la palabra. Y esta palabra fue contundente esta noche. Maximiano Valdés condujo con gran dignidad un programa exigente y riguroso. Comenzó, como tenía que ser, con “La consagración de la casa” de Ludwig van Beethoven, único discurso admisible en una noche inaugural. La excelente acústica de la sala es un regalo, pero también un reto. Al descubierto quedan las asperezas en la orquesta, como en este caso de los primeros violines, más necesitados de homogeneidad de timbre. Ya tienen las condiciones óptimas de trabajo, ahora a descargarlo.
El monumental “Concierto núm. 2 en Si bemol mayor para piano y orquesta” de Johannes Brahms nos trajo un solista de gran madurez interpretativa. Kirill Gernstein se posiciona airosamente en la mejor tradición pianística rusa. Si su primer movimiento develó un sonido seco y astringente, y la orquesta más de una inseguridad, la interpretación fue en crescendo, para exponer esa embriagante dialéctica de juguetón desenfado y severidad premonitoria que caracteriza al protestante norteño alemán que siempre fue Brahms, aun en la sensualidad de su patria vienesa electiva.
En la pieza fuera de programa, la transcripción que hizo Liszt de la canción “El rey de los elfos” de Schubert, basada en el poema de Goethe, desarrolló Gernstein toda la fantasmagoría y el dramatismo del texto, en un derroche de sensibilidad artística y seguridad técnica. Concluyó el concierto con la “Sinfonía núm 2 en Do mayor” de Robert Schumann. La rica paleta cromática de este romántico empedernido fue expuesta con gran inteligencia y sin concesiones. En tiempos aciagos se vislumbra un remanso de solaz. Ese fue el valor de este concierto de consagración.
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| Jose R. Ortiz Jimenez 10-09-2009 11:37:39 AM | Vente a Yankilandia USA donde resido para que veas los CAFRES en cantidades qye hay! Y felicidades para la Sinfonica de PR por su nueva sala de conciertos. |
| David Rios 10-05-2009 07:17:09 PM | En PR hay ya tantos cafres en todas la areas que es un milagro (verdadero) encontrar un lugar para las artes y la cultura. |
