
El Dr. Glenn D. Lowry, director del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), fundado en 1929 e institución poseedora de una de las colecciones de arte contemporáneo más importantes del mundo, visitó el recién construido edificio anexo y el edificio Edward Durell Stone del Museo de Arte de Ponce, en plena renovación, junto a su director Dr. Agustín Arteaga y otras personalidades del patio. La pertinencia de su visita adviene tras cuatro años de reformas en el MoMA, con un nuevo edificio que ha costado cerca de $55 millones de dólares, a cargo de Yoshio Taniguchi.
Recuerdo cuando adolescente que fui al MoMa para ver la exposición de “Guernica” de Picasso con todos sus estudios, y rememoro además a los cientos y cientos de visitantes que se dieron cita aquel día. ¿Cree que éste ha sido uno de los momentos climáticos en la historia del museo que dirige?
—No podría estar más de acuerdo. Creo que pinturas como “Guernica” se han convertido en trabajos icónicos que no sólo funcionan como objetos de arte, sino como símbolos de nuestra Humanidad y civilización. Esto galvaniza a la gente y ellos mismos crean un aura alrededor de la obra. Recuerdo también visitar la exposición y nunca la olvidé.
¿No concedería que esto tendría que formar parte de las metas de los museos que sirven a grandes poblaciones?
—Siempre pienso que los museos son para hacer revivir al menos tres clases de experiencias artísticas. Una es la experiencia artística que se da, obviamente porque vas a ver el arte. La segunda es una experiencia intelectual a la que vas a ver arte; pero también vas a comprometerte a aprehender, y poner tu mente a funcionar. Y la tercera es que los museos constituyen una experiencia social donde pernoctas con otras personas para ver arte. Y creo que los museos más interesantes son los que son capaces de “animar” la relación entre las obras de arte y el público que las visita. Hay además toda una experiencia intensa cuando te paras solo ante una obra de arte, y es maravillosa. Pero, si has estado en una galería grande solo, también puede ser una experiencia incómoda. Resta aún otra experiencia, que es cuando estás en esa sala con mucha gente; y todos hablan, piensan y se envuelven, y creo que eso es algo mágico.
¿No cree que eso pasa con la tragedia de “Hamlet” de Skakespeare que no es lo mismo cuando se lee de joven a cuando se la representa en su madurez?
—Crecemos y cambiamos en relación al placer que provoca la obra; pero el objeto no cambia, sino el entendimiento de la misma. Todo lo que sea gozarla, siempre está cambiando.
Cuando se refiere al sentido social de un museo, ¿sugiere que hacen mediciones en torno a culturas públicas para hacer selecciones de exposiciones certeras?
—Estamos constantemente midiendo la gente que va a nuestro museo; pero también estamos buscando a la gente que no va. Estoy más interesado en el porqué la gente no visita un museo de arte moderno. Esa información tiene múltiples propósitos; pero más que nada, queremos estar seguros de que lo que hacemos en ese museo, reúne las aspiraciones de las personas. Tiene que ver menos con lo que la gente quiere ver; y, pues, enseñamos ese arte. ¡No! si vamos a exhibir un arte, nos preguntamos qué es lo que tenemos que hacer para que el público se comprometa. Es duro ser un maestro si no se entiende a los estudiantes. El museo siempre está enseñando, a veces de una forma directa; y en otras, sutilmente. Lo propio sería que tuviéramos a “Guernica”, e interesáramos a ese público a apreciar a Andy Warhol. Queremos estar seguros de lo que vamos a presentar.
¿En estos momentos de crisis, tienen presupuesto para hacer lo que quieren?
—Cada institución en América está sufriendo —algunas más que otras—, pero ninguna está exenta de trabajar sin dificultades. Pero si estás en una que está realmente comprometida con el público, tienes que generar los programas; y es nuestro problema resolverlo. Sin embargo, todo esto pasará, así que nos amarraremos más las correas, porque no es nada nuevo.
¿El hecho de que se llamen “Museo de Arte Moderno”, a qué les obliga?
—Esta pregunta dentro de mi perspectiva, se constituye en una fundacional, con lo que quiero decir: cómo es que uno entiende el término moderno, en relacion al arte; y de buscar la forma cómo nos miramos a nosotros mismos, en la misión que perseguimos. La idea de un Museo de Arte Moderno era crear un espacio, una jurisdicción, en Nueva York donde se pudiera exhibir el arte más progresista, esencialmente respondiendo a las vanguardias de Europa y Estados Unidos. Pero esa idea se ha tenido que modificar porque al hablar ahora de arte moderno, no lo puedes determinar geográficamente dado que está pasando en China, Africa, Latinoamérica. Eso nos llevó a alterar nuestro entendimiento de reflejar la realidad de hoy. Y eso es muy bueno aunque nos haga sentir incómodos; porque no conocemos la respuesta. Empero, el mundo es más interesante por ello. No es que tengamos que pensar distinto sobre el arte, sino del publico.
¿Qué hicieron entonces?
—Conscientemente, hace una década, sentimos que había que cambiar la textura de lo que coleccionábamos y cómo lo exhibíamos. Así, como quiénes vendrían al museo y por qué. Nuestra meta era tener, pues, a un público más joven, y de mayor diversidad, que lo que habíamos tenido antes. Hemos conseguido un gran éxito con ello aunque tengamos que hacer más.
¿Tienen alguna manera de auspiciar a los artistas urbanos de arte público –al estilo de Jean-Michel Basquiat— que surge alrededor de su museo?
—ppienso que el museo pueda serrf una esperanza para ellos y les pueda dar nutricion intelectual qque sientan que es de ellos y es ue una gram meta nuestra. Si los artistas pienbsan que el museo les pertenece , sera un espacio extrairdinario. Nos hemos enfocado en ello.
¿Qué le pareció esta experiencia de hoy (ayer) con los trabajos de reconstrucción del Museo de Arte de Ponce?
—¡Puedo decir que ya estoy listo para venir a vivir a Ponce! Creo que el museo original es muy hermoso, todo ha sido muy pensado; y estoy muy excitado en torno a lo que produzcan las renovaciones. Ponce en sí, es una ciudad maravillosa, y su arquitectura, por lo que regresaré de seguro.
