

El día estaba lindo. Ni una nube blanca, ni tampoco gris. Desde Yabucoa no se vio el nubarrón del fuego de Cataño. Pero la imagen de los medios estaba muy presente. Era domingo y ya todo parecía volver a la “normalidad” (si es que eso existe). Así que entré al balcón de mis dos divas del sentido común, quienes tejían distraídas: Titi Monona en una silla cómoda haciendo mundillo, y Ramonita haciendo crochet en un antiguo sillón de los que resuenan hasta el final de la calle. Las saludé y me extrañó que estuvieran calladitas y tranquilas.
“Bueno, tremendo susto que pasamos”, dije yo para provocar alguna conversación.
“Tú misma lo dijiste, P-A-S-A-M-O-S. Quiere decir que ya pasó. Ya pasó el susto, nena”, dijo Titi Monona.
Ellas seguían relax. Yo tuve que insistir. “Entonces a ustedes nadie las llamó a la una de la mañana a decirles nada, ¿ah?”.
“Sí, nena, nos llamó Chencha (la vecina), que su nuera la llamó, porque vive por allá cerca y se despertaron todos con tremendo susto…” dijo Ramonita.
“Y nosotras también nos asustamos. Enseguida prendimos la tele y por poco nos da algo…” dijo Titi Monona. Empezaba la emoción y el drama.
“Y ¿qué hicieron?” les pregunté, tontamente, pues la contestación yo la sabría si me hubiera puesto a pensar.
“¿Qué tú crees?”dijo Titi. “Nos pusimos a orar”, dijeron a coro.
“Yo también me puse a orar desde que me enteré el viernes por la mañana. Pero el susto no se me quitó hasta que se apagó el fuego, les confieso. Y les voy a confesar otra cosa. Yo sé que todo en la vida tiene un propósito, ¿verdad? Pero me ha dado trabajo ver el propósito de este gran susto del viernes. Tengo muchas preguntas sin contestar. Y ahora empieza a salir otra información que me sigue asustando…” les dije, acomodándome en otro sillón.
Entonces hubo un silencio. Sólo el riqui-raqui del sillón de Ramonita marcaba el tiempo, como un compás de espera para la sinfonía que vendría pronto…
“Los sustos son importantes”, dijo Monona mientras seguía muy concentrada haciendo un marca-libros de encaje de florecitas. Continuaba la obertura: “Son importantes, sí señorita; los sustos son muy importantes”, seguía Ramonita.
“Nosotras hemos pasado muchos sustos, nena. Son muchas décadas… Cada huracán, cada temblor… hasta el fuego en la Casa Alcaldía no hace ni un año. Hemos pasado robos, asaltos, problemas de salud. Son muchos sustos. Con cada uno ha llegado una lección”, dijo Titi. Y como si estuvieran coordinadas en esa sinfonía de esperanza y positivismo, Ramonita continuó: “A veces es que tenemos que ser precavidos y anticipar los eventos; a veces es que tenemos que cuidar mejor la salud, a modo preventivo, pero a veces la lección es solamente un recordatorio para apreciar lo que tenemos y no quejarnos tanto” dijo con énfasis, mientras tejía muy velozmente.
“Sí, nena”, siguió Monona, “se le salta a uno el corazón con cada susto, pero siempre el Espíritu de Dios nos susurra al oído que tengamos calma, que Él está con nosotros” concluyó, bajando la voz, como si unos violines sonaran dulcemente en el trasfondo, en señal de paz y solaz.
MUNDILLO INTERACTIVO: Pueden escribirnos al Box 192889 San Juan 00919-2889 o al correo ginadelu@caribe.net. Para más información sobre el libro de la autora, contrataciones y otras publicaciones, pueden ir a www.mimundillopr.com.