Domingo 26.05.2013

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Orden de cambio

“Las colonias, una vez se quiebran, no vuelven a ser las mismas y están destinadas a su extinción”

EL VOCERO / Archivo / Ángel L. Vázquez

Cuando se asiente el polvo del plebiscito electoral del año 2012, el movimiento estadista y las generaciones futuras tendrán una deuda de gratitud con el gobernador saliente, Luis Fortuño. Bajo su incumbencia, por primera vez en la historia una mayoría absoluta rechazó 520 años de subordinación y de relaciones políticas coloniales y emitió una tajante orden de cambio de la relación política actual.

Ese innegable e inescapable legado está ya marcado en los libros, aunque el Régimen Popular intente taparlo con una capucha de invisibilidad tipo Harry Potter y borrarlo con sus pinceladas de tinta china. Podrán retrasarlo, pero jamás pararlo.

La historia es lenta, caprichosa y voluntariosa. Nunca camina a la velocidad y al tiempo que queremos. Pero camina. Lentamente, paso a paso, avanza siempre dejando huella. A veces, raras veces, se acelera. Y esas aceleraciones son propulsadas por la acumulación de muchos pequeños logros, retrocesos, avances y remontadas que en un momento dado nos parecieron lentos. Como decía el poeta, 20 años son nada en el largo devenir del Universo.

Los gobiernos podrán ir y venir, entrar y salir, pero las colonias, una vez se quiebran, no vuelven a ser las mismas y están destinadas a su extinción. Este primer y fundamental paso en nuestro largo camino liberalizador, es el peldaño que necesitaba este pueblo para registrar en el Congreso un mandato oficial de cambio.

Como apunté aquí la semana pasada, los estadistas cometerían un terrible error en interpretar estos resultados como una solicitud de Estadidad. No lo es. Lo que sí es, es una abrumadora orden expresa de cambio. El 54% de los participantes en la elección, cerca del millón, declaró su repulsa al Estado Libre Asociado colonial. Ahí están los números para probarlo. De 1,840,000 papeletas, 1,324,519 votos (74%) expresaron preferencia por fórmulas no coloniales ni territoriales.  Solamente 472,674 votos (26%) se abstuvieron de indicar preferencia. Si eso no es apabullante, que venga Dios y lo vea.

Tanto da el agua en el cántaro, hasta que lo rompe. El ELA perdió toda su legitimidad de ser una relación política avalada por el consentimiento de los gobernados. El tracto plebiscitario de 60 años lo dice todo. El apoyo de 82% obtenido por la Ley 600 en el año 1951, mermó a 61% en el plebiscito del 67, a 48% en el plebiscito del 93, y ahora a 46% en el plebiscito del 2012. Ese es el lento devenir de la historia. La segunda Ley de Termodinámica en acción. Pura entropía. Como decía el insigne poeta Juan Antonio Corretjer: “En la vida todo es ir a lo que el tiempo deshace…”

Digo que sería un error interpretar estos resultados como un mandato por la Estadidad por dos razones fundamentales. Primero, por que el País votó contradictoriamente y no eligió un gobierno estadista dispuesto a luchar, cabildear e invertir para avanzar en el Congreso ese mandato. Pensar que se puede obtener un voto congresional a favor de la Estadidad en los próximos cuatro años, teniendo al Partido Popular a cargo del Ejecutivo y con el poder de la bolsa es pensar en pajaritos preña’os. Y segundo, por que si bien es cierto que la Estadidad sacó el 61% de las opciones descolonizadoras obtenidas, no es menos cierto también, que una cuarta parte del electorado prefirió guardar silencio y no es hasta que se celebre un plebiscito congresional entre la Estadidad y la soberanía, que fue lo que llegó atrás, que no tendremos números más concretos y más autoejecutables, no susceptibles a excusas ni a malas interpretaciones en el Congreso.

¿Quiere decir eso que los anticolonialistas nos vamos a cruzar de brazos? Claro que no. Los mandatos democráticos mayoritarios se respetan y la orden de cambio va a ser ejecutada más tarde que temprano. Esos contundentes resultados de la victoria del ‘No’, tienen que ser remitidos a Casa Blanca y al Congreso con el pedido de esta Legislatura, para que allá con la orden de cambio que ha dado el Pueblo, pongan en vigor el plan descolonizador del Comité Interagencial del presidente Obama por encima del obstruccionismo y del sabotaje del PPD.

Eso permitirá sentar la tónica del debate y sentar las bases parlamentarias para el próximo paso que debe ser la correspondiente acción congresional. Todo lo que se avance ahora, es terreno que no tendremos que recorrer después.

No debemos desmerecer el logro del sector estadista. Fue un gobierno estadista el que rompió el huevo del ELA y forzó el issue. Los  llamados independentistas, exceptuando el PIP, corrieron a votar melón. La Estadidad rebasó el 50% por primera vez, luego de haber estado estancada en 46% por décadas. El por ciento de penepés que votó estadista subió a casi 90%. Por primera vez el ELA fue atacado en un plebiscito. Esa campaña educativa hecha contra viento y marea por grupos cívicos, redundó en victoria. Se comprobó efectivamente, que la Estadidad la traerán grupos cívicos, en alianzas con el sector civil y no los mamones del PNP.

Finalmente, las fuerzas anticolonialistas tienen que revestirse de paciencia y conocer la historia. En Estados Unidos los movimientos anticoloniales terminan prevaleciendo, pero el proceso de movilizar al Congreso es uno lento. A las Filipinas le tomó 25 años y una Guerra Mundial por el medio el independizarse. A Alaska y Hawaii les tomó al menos seis Congresos lograr sus actas de admisión. A las Islas del Fideicomiso del Pacífico les tomó cerca de 15 años lograr sus tratados.  A los afroamericanos les tomó un siglo después de su emancipación el llegar al trato igual. La liberación femenina es un proceso reivindicador que todavía está en marcha y el de la comunidad gay está rompiendo barreras en pleno repunte.

Lo que importa en todo esto, es que se rompió monte. La emancipación y la reivindicación han comenzado con esta orden de cambio y no hay nada, pero nada, que pueda hacer el PPD para evitar que logremos su resolución…

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