El recién saliente senador Roberto Arango catalogó los últimos cinco días como “los más largos, difíciles y amargos de su vida” en su carta de renuncia efectiva el miércoles, 31 de agosto, que le envió al presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz.

Roberto Arango. EL VOCERO/Archivo
En la misiva de dos páginas, que por error involuntario tiene fecha del 27 de agosto del 2012, no negó en nigún momento las fotos al desnudo que se le atribuyen, las cuales provocaron su salida de de la Casa de las Leyes y el país, al clasificar la controversia como una jugada de sus contrincantes políticos.
“Pero sepa usted, señor Presidente, que puedo afirmar con la más absoluta certeza que la controversia que hoy día ensombrece al Senado de Puerto Rico y la ciudad capital es un resultado de una artimaña orquestrada por mis enemigos políticos, que no guarda relación alguna con mi labor senatorial”, escribió Arango en la carta que divulgó Rivera Schatz en el programa SuperXclusivo.
Arango indicó que su primer deber es proteger su familia “ante el esfuerzo concertado de algunas personas inescrupulosas en su afán por destruir mi carrera como legislador sea capaz de monopolizar el debate público y de desviar la atención legislativa de los problemas más apremiantes que hay que atender sin demora…”
También se confesó “víctima de su propia ingenuidad” y de “los avances de la tecnología que al caer en manos diestras, pueden ser transformados en lo que una sola persona considere puede causar el mayor daño en más poco tiempo”.
“Que sirva esta experiencia para que contemplemos qué es lo que como pueblo esperamos sean los parámetros de la tolerancia y respeto al prójimo”, setenció.
Además, agradeció la compresión y amistad de Rivera Schatz, así mismo como las de sus compañeros del Senado, y que le consuela el convencimiento de que le cumplió al Distrito de San Juan.



















