La Cooperativa de Servicios Arigos es una oportunidad de empleo y de generar ingresos para los confinados del Complejo Correccional Guayama 945. No obstante, Miguel Martínez de León, confinado y presidente de su Junta de Directores, entiende que también es una herramienta de rehabilitación, que sirve para recobrar el sentido de responsabilidad.
“Nosotros fallamos alguna vez en nuestras vidas, pero no dejamos de ser humanos y necesitamos una oportunidad. La cooperativa nos ha hecho crecer en muchas cosas, tenemos muchachitos responsables que les gusta lo que hacen y están matando el ocio desde las 8:00 am hasta las 3:00 pm en el taller y en el vivero”, destacó. La ganancia de la cooperativa ha fluctuado entre $10 mil a $12 mil anuales en los últimos tres años, pues depende de las ventas.
Martínez de León expresó que la economía de la misma “está muy bien, podemos suplir las necesidades que tenemos y dar continuidad a los proyectos que comenzamos, aunque tenemos más gastos que ingresos”.
Arigos comenzó con la confección de carteras, correas, sombreros y sandalias de cuero; barcos, tallas de los Reyes Magos y del Quijote.Al presente han expandido el mercado de las artesanías con frutos menores, como ajíes, tomates, cilantrillo, pimientos y melones, que cosechan en un vivero que les cedió la Administración de Corrección hace dos años; y con un ‘car wash’, que operan hace un año en el estacionamiento del mencionado complejo penal de Guayama, donde brindan servicio a los empleados del mismo.
Tienen artesanías desde $2 hasta $1,000 y las mercadean en ferias y asambleas de cooperativas, o las venden a clientes que llegan a la penitenciaria o por pedidos especiales que le hacen universidades, empresas privadas y agencias gubernamentales.
De los ingresos generados, tienen que entregarle un 15 por ciento a la Administración de Corrección, desde el 2009 cuando se implementó esa directriz para cubrir gastos de energía eléctrica y agua. Mientras, de la venta de cada artesanía, el 75 por ciento corresponde al artesano que la hace y el 10 por ciento a la cooperativa. Este 10 por ciento es administrado por los reclusos miembros de la Junta de Directores, quienes lo invierten en la compra de herramientas, en las necesidades de ellos mismos, tales como reponer enseres dañados; aportar a sus actividades y hasta a causas benéficas.
La cooperativa es solamente para reclusos y fue creada por ellos, tras ser orientados por Irene Cruz, de la Liga de Cooperativas de Puerto Rico, y lograr que el Senado los escuchara y enmendará la Ley 50 que prohibía que se organizaran de esta manera, para darle paso a la Ley 239, que sí se los permite desde el 2004.
Sin embargo, la idea se gestó desde el 1995 ante la necesidad de mercadear las artesanías que hacían en los cursos terapéuticos que les impartían la trabajadora social Luz D. Rosario y el doctor Mateo Luna (QDP). Actualmente, Arigos cuenta con 38 socios, pero pueden unirse todos los confinados de la institución. Se hacen socios con $20 que le son devueltos al salir en libertad. Sus ingresos pueden guardarlos en acciones en la cooperativa, como método de ahorro para el día que regresen a la libre comunidad.
El éxito de la organización ha servido de ejemplo a otros reos quienes han fundado sus propias cooperativas en las penitenciarias de Arecibo, El Zarzal en Río Grande y a las féminas de Vega Alta que están en proceso de crear una.
Como una vez estén libres en la comunidad no pueden pertenecer a esta organización, el sueño de Martínez de León es estudiar contabilidad y crear una cooperativa de servicios, tales como pintura, electricidad y mantenimiento de áreas verdes para exconfinados y así suplir la necesidad de empleo de estos.