Casi sin darnos cuenta, entre las imágenes novelescas y las frases repetidas, crecemos idealizando al amor, como un gran salvavidas que nos rescata de nuestro naufragio. Pero, en esa mezcla de sentimientos, nos olvidamos de vivir como sentimos, como soñamos.
Desde que nacemos, buscamos ser amados. Primero pasamos por el “incondicional amor materno” que nos “reconoce”, nos protege, nos da todo y nos asegura nuestra supervivencia sin nada a cambio. Seguimos caminando por la vida buscando que nos quieran: nuestros padres, abuelos, maestros, profesores, amigo, etc.
Crecemos escuchando frases como “renunció a todo por él”, “te doy todo y así me lo agradeces” o aquella de una vieja canción que dice “nada tiene sentido si tú no estás, tú me das el aire que respiro”. Casi sin darnos cuenta, entre las imágenes novelescas y las frases repetidas, crecemos idealizando al amor, como un gran salvavidas que nos rescata de nuestro naufragio.
Entonces, eres incondicional, das todo por él, esperas todo de él y quedas atrapada en una gran red de expectativas mutuas, que se esperan y no siempre se cumplen, pero igual sigues esperando: “si me quiere, me lo tiene que dar”, te repites. Y lo que terminas recibiendo es frustración, resentimiento, dolor, angustia.
En esa mezcla de sentimientos, se escapa el deseo y, en lugar de “porque te necesito, te amo”, lo terminas “amando porque lo necesitas”. Por miedo a la soledad, porque no terminas de confiar en ti, por no animarte a abrazar la vida, a vivir como sientes, a vivir lo que sueñas, lo que proyectas. Porque, en algún rincón de tu corazón, no crees que alguien pueda amarte y terminas siendo lo que el otro espera que seas. Casi sin querer, hipotecas tu vida y renuncias a tu individualidad, a tu libertad.
Entrampada en este vínculo estás “feliz de haber encontrado a tu media naranja” que te cambió la vida. Van juntos a todas partes, no deciden nada sin consultarse, hasta piden el mismo plato de comida cuando van a un restaurante, se llaman por teléfono todo el tiempo… “No somos uno sin el otro”, sonríen con la satisfacción y la certeza de haber encontrado “el amor”.
Hace un tiempo leí una definición de la palabra amor que me resulto interesante: “el amor es una emoción que sólo se puede sentir, vivir en libertad”. El amor es uno de los sentimientos más idealizados: creces pensando que el verdadero amor es incondicional. “Te quiero, aunque me desvalorices (sé que no lo hace, a propósito, sé que sos bueno, que me quieres). Te quiero, aunque no te gusten mis amigas, ni mi trabajo y creas que mis familia no te soporta (igual sé que me quieres). Te quiero, aunque quieras saber de mí día y noche y que si no estoy de acuerdo contigo te enojes, porque te quiero, no me gusta verte así. Entonces, hago la mitad de las cosas que hacía, aunque no entiendo porque igual te sigues enojando”.
Un día te miras, y te preguntas si este es el amor que tanto esperabas vivir. Te lo preguntas mientras te sientes nerviosa por tantas explicaciones y no sabes por qué le consultas todo, hasta las decisiones más personales. Te divertía muchísimo salir con tus amigas, pero hace meses que no las ves. Esas situaciones que vivías amorosamente al comienzo de la relación, hoy las vives con dolor.
Sigue tu intuición, cree en lo que sientes. No seas desagradecida con nadie por eso: el amor es un ida y vuelta, no estás en deuda con nadie más que con tú. Habla de lo que sientes, lee sobre el tema, acciona desde el lugar que puedas.
La vida está en constante movimiento, y ese movimiento lo generas únicamente tú en cada decisión que tomas, que puede ser para disfrutar o sufrir, para crecer o no. Estás en pareja para compartir lo que eres, lo que quieres, lo que deseas, para que juntos disfruten los logros y las elecciones individuales. Estás en pareja cuando te sientes querida y respetada a pesar de estar enojados. Estás en pareja cuando vivencias, que él no es tu “media naranja” que viene a completarte sino que cada uno es una “naranja entera” que se acompañan, disfrutan, crecen. Me gustaría compartir esta frase: “sólo se ama verdaderamente a quien no se posee”.
Fuente: Derf