Domingo 19.05.2013

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Transporte y oferta del crimen

(Cuarta parte en una serie de columnas)

Suministrada

La realidad reciente de nuestra isla es que se ha convertido en un distribuidor importante de narcóticos, y eje del crimen organizado. Como resultado, se estima que la economía informal en Puerto Rico equivale a un 23% a 25% de la economía formal. Eso representa una peseta de cada dólar. El narcotráfico y el crimen organizado son un segmento grande de esta economía que utiliza a Puerto Rico de punto de distribución. Como hemos establecido en el pasado, los datos nos dicen que aquellos países distribuidores, tienden a ser mucho más violentos que los consumidores, y tan o más violentos que los países productores.

Por lo tanto, si queremos reducir el crimen y la violencia en Puerto Rico, uno de los puntos clave es precisamente atender el transporte y la oferta del narcotráfico y otros productos. Este asunto cobra mayor urgencia ante la reciente realidad de que otro de los puntos de transporte más importantes, México, está recibiendo una gran cantidad de fondos para reducir el paso de drogas a Estados Unidos. Por lo tanto, México se hace menos accesible y los gerentes del crimen organizado buscarán otras alternativas ¿Las primeras en la lista? Puerto Rico, República Dominicana y Belice.

El crimen organizado opera al igual que otras corporaciones; es un negocio globalizado. Entonces, debemos crear el ambiente para que los gerentes del crimen organizado no vean a Puerto Rico como un territorio de ganancia económica. Ciertamente, el que se utilice y se pida más fondos federales para combatir este mal es un buen inicio. Pero hay que hacer más.

Aquí discutiremos tres mecanismos para disuadir al alto liderato del crimen organizado de ver a Puerto Rico como terreno fértil: (1) reducir la oferta de mano de obra; (2) reducir la efectividad en el transporte; (3) perseguir los bolsillos de los altos funcionarios y ejecutivos de la corporación criminal.

El primer punto es producto de nuestro sistema económico ineficiente. Puerto Rico nunca ha tenido una fuerza laboral que sobrepase el 47%, y hoy apenas alcanza el 40%. La cifra es el resultado de nuestro sistema del ELA, ya que para los puertorriqueños en otros países y en los estados, este índice ronda en los 55 a 60% (Censo). Tenemos en este renglón una de las cifras más bajas a nivel global, y la más baja a nivel nacional (70% nivel nacional). Esto quiere decir que solo 4 de cada 10 puertorriqueños tienen o están buscando trabajo. ¿Y el resto? Hay personas que hablan de un mantengo, pero hay otra realidad; la economía informal.

Al no tener un sistema económico eficiente y dirigido al individuo, dejamos a la mayoría de los puertorriqueños sin oportunidad de trabajo formal. El resultado es un número grande de potenciales empleados para dedicarse al crimen organizado. Por consiguiente, una estrategia de invasión de puntos es importante pero insuficiente tomada por sí sola. Si en Puerto Rico atacamos todos los puntos de droga un día, y se arrestan todos los partícipes, en dos semanas estarían repoblados. Este es el problema de la oferta (‘supply’). En la medida que no existan opciones para nuestros jóvenes, tanto de trabajo como de desarrollo de destrezas, habrá una multitud de personas considerando la ‘oportunidad’ que les presenta una vida de crimen.

Para atender los mecanismos #2 y #3 expuestos arriba, tenemos que ver más allá del punto de drogas ya que, realmente, la gran mayoría de las personas que atiende los puntos y distribuye son ‘soldados’ por necesidad. Hay que concentrarse en los ‘generales’, los que mueven el dinero y sacan el mayor lucro de la actividad delictiva. Hay que darles duro en el bolsillo minimizando la eficiencia con la que se transportan las drogas ilícitas y haciendo que la corporación criminal vea más perdidas al transportar por Puerto Rico.

¿Cómo se logra esto? Primero, establecemos un grupo dedicado de policías para combatir el transporte del crimen. Este grupo debe ser entrenado, especializado, y compensado por su especialización. También, podemos establecer una unidad de innovación anticriminal, compuesta de voluntarios, servidores públicos, y empresarios, para utilizar la tecnología más efectiva y moderna en contra del crimen. Esto también puede servir de plataforma para crear nuevas empresas dedicadas a proveer herramientas para combatir el crimen. Estos dos elementos, combinados con otros, reducen entonces las ganancias, induciendo pérdidas en su mecanismo de distribución.

Pero, ¿no costará muchísimo hacer esto? Ciertamente tiene un costo, pero este tipo de proyecto se puede financiar con los activos capturados de los criminales. Entiéndase sus viviendas, sus vehículos, y su dinero. Hay que impactar al liderato criminal donde más le duele: en su bolsillo.

Esto ya se está haciendo o contemplando en otras partes del mundo (Europa, por ejemplo). Al vender estos activos en subasta y recuperar los fondos, habría que asegurarse que esos fondos vayan directamente a las agencias especializadas en este tipo de táctica. Claro está, siempre habrá una inversión inicial de parte del Gobierno, pero esta se recuperaría rápidamente, a medida que vaya creciendo la eficiencia de las agencias de ley y orden. Así se afecta el bolsillo del alto liderato del crimen organizado, y se beneficia el de las agencias que combaten el crimen. El resultado es lograr más fondos para combatir el crimen, a la vez que se aumenta el riesgo para los criminales que piensen incurrir en actividades delictivas organizadas en Puerto Rico.

En estas últimas columnas, hemos discutido algunos planes para combatir el crimen; algunas son innovadoras, otras son mejores prácticas aplicadas en otros países. Lo importante es identificar el elemento fundamental que causa la criminalidad y la violencia, y no hablar de este asunto sin datos, visión, ni evidencia. Si podemos establecer una visión integrada, coherente, y comunicable a corto, mediano, y largo plazo, podemos entonces combatir el crimen, revertir esta tendencia nefasta hacia la violencia, y redirigir a Puerto Rico hacia un futuro de progreso.

Como siempre, el poder está en nuestras manos.

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