Martes 18.06.2013

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Un misterio la causa de muerte

(Tercero de una serie) Caso de exaduaneros convictos por crimen de cambista revela presuntas irregularidades forenses

Tres décadas después de la muerte de Mitri, aún agentes federales no saben como realmente había muerto el empresario. SUMINISTRADA

La pregunta simple de ¿cuándo una bala deja de ser una bala? normalmente parecería capciosa pero en el asesinato del cambista dominicano-palestino Yamil Mitri Lajam encarna algunas de las más apremiantes interrogantes que todavía rodean su muerte hace tres décadas en un paraje remoto cerca de la carretera 191 en El Yunque.

La respuesta parecería ser cuando llega al laboratorio del FBI, de acuerdo con algunos de los documentos del gobierno radicados por los convictos Daniel Maravilla y Rafael Domínguez, quienes llevan años infructuosamente tratando de obtener un nuevo juicio entre otras cosas atacando la evidencia forense o más bien la ausencia de evidencia. La teoría de que la bala criminal dejó de ser una bala en manos de los peritos federales es parte integral de las apelaciones y uno de los puntos más intrigantes en este pugilato judicial.

Cuan extraña aparentan ser las circunstancias que rodean la evidencia forense lo confirman una serie de comunicaciones internas del gobierno federal, incluyendo el FBI, que han sido parcialmente desclasificadas y los convictos han hecho públicas en sus distintas mociones. “La víctima, Mitri, está enterrado en Santo Domingo, en la República Dominicana. Dada la burda autopsia hecha por (el nombre está todavía censurado en el documento oficial, pero fue el Dr. Rafael Criado) entonces director del Instituto de Ciencias Forenses, el hecho de que nunca se pudo determinar la causa de la muerte y que tampoco se hizo una búsqueda de una bala, se están haciendo arreglos para exhumar el cadáver y una subsiguiente autopsia”, indica un télex de las oficinas del FBI en Washington al agente a cargo de la oficina en San Juan indicando que un perito llegaría a Puerto Rico a fines de junio del 1985 para examinar la escena del crimen excavando, si necesario, a mano.

En resumen, tres años después que la Policía de Puerto Rico investigó la muerte de Mitri y de que Criado haya rendido su autopsia y una alegada investigación, los agentes federales todavía no sabían como realmente había muerto el empresario ni qué tipo de armas había usado el asesino. Aún así los fiscales insistieron que la posible arma asesina era un revólver calibre .357 que Domínguez había enviado a Miami para que supuestamente le cambiaran el cañón y así eliminar cualquier evidencia forense. El cañón, sin embargo, nunca fue remplazado y nunca se pudo probar que estuviese ligado al crimen.

Pero para el 15 de julio de 1985, un memo de un agente no identificado del FBI indica que cuatro días antes la búsqueda finalmente había dado frutos. En un punto cercano a donde las fotos de la Policía colocaban el cadáver de Mitri, el experto traído de Estados Unidos había encontrado un aro de matrimonio de oro y una bala calibre .22.

Pero el exdirector de la Oficina de Metalurgia del FBI, Frank De Ronja confirmó en una declaración jurada de 1995 que ninguno de estos dos hallazgos fue presentado ante el jurado. En su informe para juicio, la bala pasó al anonimato como un mero “objeto de metal” y el anillo también quedó fuera de evidencia como irrelevante al igual que una lata de refresco con un agujero posiblemente de bala que dice también encontró en el sector. “Identifiqué el objeto de metal que parecía ser una bala de bajo calibre como un elemento ´también sometido´ porque en mi opinión no estaba relacionado directamente con el caso. Si hubiese tenido razón para creer que tenía un vínculo con el crimen, le hubiese dado un número ‘Q’ (parte del sistema usado para clasificar evidencia forense). Lo describí como un objeto de metal, en vez de una bala, porque es un término más general”, declaró De Ronja, quien añadió que de todas maneras le envió la bala a Serología donde confirmaron que no encontraron proteína humana, pero no se hicieron otros análisis para tratar de detectar sangre o DNA.

Aunque años después el Departamento de Justicia federal aceptó sin discusión que el “objeto de metal” era realmente una bala, los fiscales insistieron ante Boston –en el 2004– que la bala no solo continuaba siendo irrelevante sino que durante el juicio los convictos nunca pidieron que se les identificara el anónimo objeto mencionado por el perito. “De acuerdo, no hubiese sido aparente por el informe que se había descubierto una bala. Sin embargo, ni Maravilla ni Domínguez hicieron ningún pedido de seguimiento sobre el objeto de metal al que se refería el informe”, alegó Justicia.

La moción de Justicia federal añade que el juez Héctor Laffitte, quien había visto el caso en San Juan, ya había decidido años antes –cuando inicialmente surgió el tema de la bala en una de las primeras apelaciones– que “la evidencia no divulgada por el gobierno era poco material y por tanto tenía poco valor exculpatorio. En lo que concierne a la negativa de proveer evidencia sobre el descubrimiento de la bala calibre .22, el tribunal encontró que esto era solo un aspecto menor del caso del gobierno”.

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