Miércoles 22.05.2013

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¡Una huelga sublime!

“Ya pasamos por esto hace algunas décadas. Inclusive existen algunos de los actores”

EL VOCERO / Archivo

El liderato de mayor jerarquía del novoprogresismo ha convocado a una huelga contra la Iglesia Católica. Lograron apoyo cauteloso en sectores reaccionarios, algunas denominaciones herederas del sectarismo estadounidense sureño, e inclusive de un apreciado obispo de otra religión histórica que interpreta las expresiones de sus homólogos católicos como contrarias a la Estadidad. Así que a solo días para las elecciones se nos brinda otra controversia que, no solo distrae del propósito principal de las elecciones, sino que amenaza con una confrontación sublime; en su definición teatral.

Ya pasamos por esto hace algunas décadas. Inclusive existen algunos de los actores. Que para gran sorpresa impulsaron entonces lo que hoy critican: una ‘intromisión’ de la Iglesia Católica en la política partidista. ¿Recuerdan el Partido de Acción Cristiana (PAC)? Aquel fue un momento de gran angustia para el País.

Cuando ahora ocurrió el grito de huelga, creí que estábamos ante la usual reacción predecible de algunos políticos(as). Pero no. Al rebotar el eco y convertirse en voz de alerta de otros sectores, muy en especial de los comentaristas/analistas con conocidas inclinaciones partidistas (válidas), no se visualiza ya como un mero eructo de nuestra política usual.

¿Beneficios? Desviar las discusiones de los asuntos a votarse. Pues las realidades de las finanzas gubernamentales, la estabilidad social afectada por la criminalidad, inequidades del Derecho y tantas otras controversias, pasan a un plano escondido. ¡Imagínese cuan excitante una huelga contra la Iglesia Católica en un país donde ya ni huelgas hay! Quienes tomaron como tarjeta de oportunidad esa Carta Pastoral, que no dice lo que dicen que dice, y la interpretan insinuantemente insidiosa, intentan volatizar la atmósfera electoral.

Ahora bien. Volvamos al PAC. Incentivado por los obispos católicos estadounidenses de entonces, se organizó por muchos que luego formaron parte del PNP y del estadoismo. Tomaron como excusa unas decisiones del gobierno en torno a la enseñanza de religión en las escuelas públicas aparte de los programas de control de natalidad. Fue una actividad partidista contra el PPD. Inclusive se sospecha, educadamente, que hubo relación con la política estadounidense motivada por el cardenal Spellman, con jurisdicción sobre Puerto Rico, para afectar la elección del católico Kennedy a la presidencia. (El cardenal era un conocido republicano y macartista.) Aplaudí, entonces, la reacción del PPD. Máxime, porque fue respetuosa. De hecho, de haberse quedado en el púlpito la crítica moral contra el gobierno, nada se habría exacerbado, pues la Iglesia cumplía con su obligación doctrinaria.

¿En que se distingue aquello de esto? ¡En todo! Allá algunos de los que conviven con los que convenientemente critican a los obispos católicos hoy, fueron los cómplices del PAC. Allá el propósito era afectar electoralmente a un partido, el PPD, y a un líder, Luis Muñoz Marín, independientemente que el PAC triunfara en las urnas. Allá se intentó maniobrar todo un sistema político, deliberadamente, detrás del púlpito, para fines electoreros.

Entonces ¿qué lee la Carta Pastoral que hiere a los santurrones que se persignan en sus traseros? Lo único que podemos identificar, que en alguna forma se relaciona con el asunto de status, es el llamado a proteger nuestro idioma y cultura. ¿No responderá, pues, la ‘huelga’ a ese viejo dicho de que ‘quien se pica es porque ajo come? ¿Y no fue para satisfacer el sentimiento del Pueblo en torno a su idiosincrasia que fue inventada ‘la estadidad jibara’? Estadidad con idioma español y los atributos de la cultura puertorriqueña. ¿Mal huele la huelga a que ese principio ‘jibaro’ fue sustituido por el de ‘hot dog, apple pie and Chevrolet’?

Dígase que la objeción a la Carta Pastoral es que apoya la cultura puertorriqueña, y ¡ya! Así todos estamos claros que la huelga no es realmente a la Iglesia Católica o a los obispos (menos a uno que no firmó). Es contra la protección que ofrece a la cultura. ¡Buena queja al Vaticano!: “La Iglesia Católica de Puerto Rico apoya la cultura, tralalalalala”. O, sino, que se indique dónde apoya la ‘independencia’ o la ‘libre asociación’. ¿O molesta porque ella acomoda la ‘estadidad jibara’ de Ferré? Don Virgilio Dávila lo describió tan simple como una jeringuilla. “Y cuentan las historias que a la pobre Dominga –tanto la jeringaron, que rompió la jeringa– y de allí en adelante nadie más jeringó”.

Entonces todo se resume a una admisión encubierta: la Carta Pastoral aparenta apoyar también la ‘estadidad jibara’ y Fortuño no apoya esa modalidad puertorriqueñista de la estadidad a quien se unen esas otras voces de línea fuerte estadista. Así que la zona de combate se ha trazado y aclarado. “O americano o puertorriqueño”. ¡Pero increíble! ¡Por disposición penepeista! No ya albizuista. ¡Amén! ¡Amén! y ¡Aleluya!

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