Muchos adolescentes de todos los países se aventuran en prácticas sexuales sin la educación debida ni las medidas preventivas para evitar un embarazo o disminuir el riesgo de contraer alguna enfermedad de transmisión sexual, como el virus del papiloma humano y el virus de inmunodeficiencia adquirida causante del sida.
“Consulta Juvenil sobre Prácticas Sexuales en Puerto Rico” reveló que un gran grupo de estudiantes de grados intermedios está activo sexualmente, mientras que un porcentaje alto de hombres y mujeres ha tenido relaciones sexuales antes de los 15 años de edad.
Ana Patricia Ortiz, catedrática asociada en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Puerto Rico (UPR), informó que el estudio referente a los estudiantes se llevó a cabo entre 2010 y 2012, con 10,134 alumnos de escuelas públicas y privadas de la Isla.
“Hemos documentado que, aproximadamente, el 27 % de los adolescentes de séptimo a octavo grado están activos sexualmente”, indicó Ortiz, investigadora de los Centros Comprensivos de Cáncer del Recinto de Ciencias Médicas de la UPR.
Otra evaluación de las prácticas sexuales de 450 adultos, entre los 21 y 64 años, determinó que “el 38 por ciento de los varones y el 21 por ciento de las mujeres han tenido actividad sexual en o antes de los 15 años. La población está comenzando la actividad sexual en edad temprana, que también se convierte en un factor de riesgo para la infección del virus del papiloma humano”, informó Ortiz.
La educación sexual a los adolescentes es esencial para evitar que contraigan una enfermedad de transmisión sexual y se afecten sus vidas personales y familiares. Además, educarlos sobre una sexualidad sana les enseña a conocer sus cuerpos y a evitar embarazos imprevistos.
“El hecho de que el inicio de la edad fértil en las mujeres se haya adelantado durante las últimas décadas y de que las relaciones sexuales se mantengan con más precocidad, ha desembocado en un incremento considerable del número de embarazos entre las mujeres jóvenes”, indica Javier Vendrell Covisa, autor del libro “La salud en la mujer”.
Menciona que uno de los factores que contribuye al aumento de la precocidad sexual, en los últimos años, es “la desestructuración familiar; es un hecho que los hijos de familias rotas o desunidas también tienen un mayor índice de relaciones sexuales de riesgo y embarazos no deseados, en parte como signo de rebeldía y en parte como forma de evasión. Las hijas de madres adolescentes tienen también mayor riesgo de serlo”.
Los embarazos no deseados suceden, mayormente, en adolescentes entre 14 y 19 años. Al ocurrir ese evento biológico en esas edades, se trastoca la parte emocional, económica y familiar de la muchacha y del varón. Vendrell Covisa afirma que las consecuencias principales del embarazo en la adolescencia son:
● Se interrumpe la transición psicológica normal de adolescente a mujer porque la joven debe asumir el papel de madre sin estar preparada. “Esto se manifiesta en un peor seguimiento del embarazo con un mayor incumplimiento de las citas con el especialista y del tratamiento pautado”, dice el autor mexicano.
● Aumenta el riesgo de padecer de enfermedades relacionadas con la gestación, tales como la anemia, la preeclampsia, bajo peso del recién nacido o bebé prematuro.
● “Desarrollo de sentimientos de culpabilidad, de soledad y de angustia; en general, este cuadro termina con un deterioro muy importante de la autoestima de la persona. En los casos más grave puede producir un cuadro de verdadera depresión que desemboque en algunas ocasiones con un intento de suicidio”, según Vendrell Covisa.
● Tanto la joven como el padre de su bebé interrumpen, por lo general, sus estudios para incorporarse al mundo laboral porque deben afrontar el mantenimiento del niño.
“Esta realidad provoca que tanto los padres, como los educadores y los profesionales sanitarios, tomen un papel decisivo en la prevención de este tipo de embarazo, mediante el empleo de la mejor arma disponible: la educación”, recalca Vendrell Covisa.