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McClintock: Empleados públicos no viven incertidumbre

Para el secretario de Estado, Kenneth McClintock, los empleados públicos no viven en incertidumbre ante los constantes cambios en el proceso de cesantías. Una cosa deben tener por seguro, según dijo: miles serán despedidos nuevamente, ahora siguiendo lo dispuesto en la ley y en los casos judiciales.

“Tienen la certeza de que ahora va a comenzar el proceso establecido por antigüedad y se va a notificar en los casos que corresponda”, dijo McClintock. “Se va a hacer conforme lo han establecido los tribunales y tendrán dos meses antes de que sean efectivas las cesantías. Eso es un proceso bien certero”.

Atribuyó los cambios en el número y las fechas de los despidos a “tecnicismos” impuestos por los jueces a la hora de evaluar los casos contra el Gobierno y la Ley 7.

Miles de empleados han triunfado en los tribunales contra la Ley 7 por la forma en que se implementaron los despidos. En la mayoría de los casos, la decisión del tribunal especifica que el despido podrá llevarse a cabo nuevamente, esta vez siguiendo lo dispuesto en la ley.

Ayer, más de 2,000 empleados trabajaron su último día en el Gobierno mientras cientos de miles esperan por recibir nuevamente la carta de cesantía.

A pesar de las decisiones judiciales, McClintock aseguró que el proceso de cesantías se hizo correctamente, pero indicó que no optaron por apelar las determinaciones porque “no vamos a pelear con los tribunales”.

“En términos generales, entiendo que se hizo de forma adecuada. Hay interpretaciones distintas de cómo se cumple con los requisitos, pero la opinión que cuenta es la de la Rama Judicial porque en nuestro sistema la Rama Judicial es la que interpreta las leyes”, expresó.

Señaló que tanto para él como para el gobernador Luis Fortuño cada carta de despido “nos duele a todos”. Sin embargo, insistió en que no existe otra alternativa para trabajar la crisis fiscal que despedir empleados. Señaló a las uniones como las responsables de que no fueran más los empleados que se acogieran voluntariamente a opciones como la reducción de jornada o el retiro.

“Las uniones hicieron campaña, motivaron a los empleados a rechazar estas ofertas. La inmensa mayoría de los empleados rechazaron estas ofertas. Si hubiera habido 20,000 empleados que hubieran aceptado eso, es posible que se hubieran salvado más”, manifestó. 

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