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Su pasión por el escutismo se juntó con su vocación de maestra. El resultado: la primera manada de niños de educación especial en Puerto Rico. !!!a2>
Da la milla extra por sus 'cobitos'
Por Carmen Arroyo Colón
EL VOCERO Viernes 12 de Febrero de 2010 08:20

EL VOCERO / Luis A. López
Así lo cuenta Maribel Medina, la "cubmaster" de la manada 134 de los Niños Escucha de Puerto Rico, quien decidió fundarla hace un año inspirada por uno de sus estudiantes de la escuela Mercedes Morales de Guaynabo.
"Aquí se dio el ambiente idóneo para trabajar con una manada de niños especiales", relata con una amplia sonrisa. Cuando la idea saltó a su mente, puso manos a la obra; la directora del plantel la apoyó, envió las cartas a los padres y en un abrir y cerrar de ojos ya tenía seis "cobitos" dispuestos a seguirla.
Son 30 años en el magisterio y 19 en el escutismo en los que según relata les ha dedicado todas sus energías a estas dos pasiones. Y lo dice en serio. Al frente de su manada Maribel es todo un torbellino de energía. Los 15 "cobitos" de su manada cantan, ríen y aplauden a su alrededor.
Logra captar la atención de los chicos que la siguen embelesados. La diminuta mujer se mueve rápido, da vueltas y se agita como un colibrí alrededor de los niños.
Su alegría es contagiosa y le gana la admiración de todo el que la observa en acción. Las madres y padres de los "cobitos" la miran y no aguantan las palabras. "Mírala como ella logra mantenerlos atentos. Es increíble como lo hace".
"Hay niños que no te hablan. Si yo veo la carita de felicidad y veo que se están riendo se que están disfrutando", comenta Medina.
Algunos de los pequeños de la manada tienen autismo o déficit de atención. La idea de crear la manada surgió el año pasado cuando Maribel se topó con el caso particular de uno de sus alumnos al que prefiere referirse como "mi nene". Su contacto de más de una década con el escutismo fue el pie forzado para ayudar a su estudiante.
"Yo soy maestra de educación especial 'one to one', que es solamente con un niño, y vi las necesidades que tenía ese niño de tener otro tipo de experiencia que no fueran las terapias, y es bien gratificante. Es bien triste ver estos niños. El mío es bien fuerte (su alumno), tiene autismo, tiene retardo y tiene un desorden metabólico. Al ver que él necesitaba esto decidí montar la manada", relata Maribel.
El trabajo de Maribel, aunque divertido, es arduo. Ella misma lo confiesa. Su labor la describe con un sacrificio gratificante. Después de trabajar en el escutismo junto a sus dos hijos, con quienes se inició en la manada 334, y ver a sus retoños convertidos en hombres de 20 y 23 años, se siente que está empezando de nuevo con la manada 134.
"El 34 es un número de suerte para mí en el escutismo", afirma.
Cuando se le pregunta por sus hijos, dice que la apoyan aunque a veces quisieran pasar más tiempo con ella.
Y es que ser "cubmaster" es una labor a tiempo completo. Un día descrito por la propia Maribel es muy largo y activo porque los papás la llaman constantemente para ponerse de acuerdo para las caminatas, para acampar y pescar. A pesar de todo su trabajo, recalca que sin los padres el éxito de la manada no sería posible. "Son bien comprometidos", asegura.
"Esto es un estilo de vida para mí. El 'scouting' vale la pena... vale la pena el sacrificio, el ejercicio, la caminata, el dolor de cuerpo que tengo. Pero si estos nenes disfrutaron y gozaron, yo estoy dejando una huella en su familia y en ellos mismos. Cuando ellos sean grandes se van a acordar de Maribel, la que era su líder".

